<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<!DOCTYPE ead PUBLIC "+//ISBN 1-931666-00-8//DTD ead.dtd (Encoded Archival Description (EAD) Version 2002)//EN" "http://lcweb2.loc.gov/xmlcommon/dtds/ead2002/ead.dtd">
<ead>
  <eadheader langencoding="iso639-2b" countryencoding="iso3166-1" dateencoding="iso8601" repositoryencoding="iso15511" scriptencoding="iso15924" relatedencoding="DC">
    <eadid identifier="archivo-arturo-e-xalambri" countrycode="UY" mainagencycode="UM-CEDEI" url="https://archivoscedei.um.edu.uy/index.php/archivo-arturo-e-xalambri" encodinganalog="identifier">AAX</eadid>
    <filedesc>
      <titlestmt>
        <titleproper encodinganalog="title">Archivo Arturo E. Xalambrí</titleproper>
      </titlestmt>
      <publicationstmt>
        <publisher encodinganalog="publisher">Centro de Documentación y Estudios de Iberoamérica (CEDEI). Universidad de Montevideo</publisher>
        <address>
          <addressline>Cataluña 3112</addressline>
          <addressline>Montevideo</addressline>
          <addressline>Montevideo</addressline>
          <addressline>Uruguay</addressline>
          <addressline>11.600</addressline>
          <addressline>Teléfono:(598) 2628 7191</addressline>
          <addressline>Correo electrónico:cedei@um.edu.uy</addressline>
          <addressline>http://www.um.edu.uy/vidauniversitaria/cedei/</addressline>
        </address>
        <date normal="2019-10-15" encodinganalog="date">2019-10-15</date>
      </publicationstmt>
    </filedesc>
    <profiledesc>
      <creation>
      Generado por Access to Memory (AtoM) 2.5.2\n      <date normal="2026-07-16">2026-07-16 14:09 UTC</date>
    </creation>
      <langusage>
        <language langcode="spa">español</language>
      </langusage>
      <descrules encodinganalog="3.7.2">Norma Internacional General de Descripción Archivística: ISAD(G).<lb/>Norma Uruguaya de Descripción Archivística: NUDA.<lb/>Norma Internacional sobre los Registros de Autoridad de Archivos relativos a Instituciones, Personas y Familias: ISAAR (CPF).ISO<lb/>ISO 8601.</descrules>
    </profiledesc>
  </eadheader>
  <archdesc level="fonds" relatedencoding="ISAD(G)v2">
    <did>
      <unittitle encodinganalog="3.1.2">Archivo Arturo E. Xalambrí</unittitle>
      <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX</unitid>
      <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1871-2000</unitdate>
      <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Documentos de texto e iconográficos.<lb/>Soporte papel: 22 cajas; 100 carpetas (en procesamiento)    </physdesc>
      <repository>
        <corpname>Centro de Documentación y Estudios de Iberoamérica (CEDEI). Universidad de Montevideo</corpname>
        <address>
          <addressline>Cataluña 3112</addressline>
          <addressline>Montevideo</addressline>
          <addressline>Montevideo</addressline>
          <addressline>Uruguay</addressline>
          <addressline>11.600</addressline>
          <addressline>Teléfono:(598) 2628 7191</addressline>
          <addressline>Correo electrónico:cedei@um.edu.uy</addressline>
          <addressline>http://www.um.edu.uy/vidauniversitaria/cedei/</addressline>
        </address>
      </repository>
      <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
        <language langcode="spa">español</language>
        <language langcode="fre">francés</language>
        <language langcode="eng">inglés</language>
      </langmaterial>
      <note type="generalNote">
        <p>Ver: https://www.cervantesenmontevideo.com</p>
      </note>
      <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/1/7/5/175f55f47c8e80f2170955a6020f67d2cd1e36ab1b2680ce4c5798938fa07b28/IMG_9945_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
      <origination encodinganalog="3.2.1">
        <persname id="atom_539_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
      </origination>
    </did>
    <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
      <note>
        <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
      </note>
    </bioghist>
    <odd type="publicationStatus">
      <p>Publicado</p>
    </odd>
    <odd type="statusDescription">
      <p>Final</p>
    </odd>
    <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
      <p>La descripción archivística del Fondo Arturo Xalambrí favorece el acceso a información de interés para investigadores, docentes, estudiantes y usuarios en general.<lb/>La mayoría de los documentos está vinculada a la actividad cervantista y difusora del libro de D. Arturo E. Xalambrí.<lb/>También se custodian numerosos documentos relacionados con sus actividades e intereses religiosos.<lb/>Los documentos, en soporte papel, se clasifican en textuales e iconográficos de acuerdo a la forma de expresión de su contenido.<lb/>En las descripciones de series y unidades documentales se nombran personas e instituciones con las que Arturo Xalambrí se comunicaba. Entre los autores de documentos se destacan:<lb/><lb/>-	Arturo E. Xalambrí;<lb/>-	bibliófilos y académicos dedicados al estudio de la obra cervantina;<lb/>-	artistas creadores de obras sobre Cervantes y El Quijote;<lb/>-	personalidades de la vida cultural, educativa y religiosa;<lb/>-	familiares y amigos.<lb/><lb/>Según los temas tratados, predominan los documentos que dan testimonio de las múltiples actividades de Arturo Xalambrí motivadas por su admiración a España -su literatura, pensamiento y manifestaciones artísticas-, su pasión por el libro como instrumento de formación de personalidades ricas y libres, y su fervor religioso.<lb/>La lengua predominante en la documentación es el español, encontrándose algunos pocos documentos en francés e inglés.<lb/>Las fechas extremas de producción se ubican entre los años 1871 y 2000.<lb/>En el Cuadro de Clasificación se encuentran enumerados los tipos documentales reconocidos.<lb/>Una selección de documentos aparece digitalizada en una primera instancia de difusión en la que se consideraron las Series: Testimonios (familiares); Artículos; Ex libris; Cartas; Correspondencia; Fotografías.</p>
    </scopecontent>
    <arrangement encodinganalog="3.3.4">
      <p>La documentación se organizó de acuerdo al cuadro de clasificación del archivo. Esta herramienta permite visualizar en forma conjunta los tipos documentales localizados en el Archivo Arturo E. Xalambrí.<lb/>Los documentos se acondicionaron en carpetas de acuerdo a su orden original. Estas, a su vez, se ordenaron numéricamente dentro de cajas rotuladas.<lb/>Las tareas de conservación preventiva se realizaron a documentos en soporte papel que se acondicionaron en 100 carpetas de acuerdo a su orden original. Estas carpetas se ordenaron numéricamente dentro de 22 cajas rotuladas.<lb/><lb/>1.	DOCUMENTOS IDENTIFICATORIOS<lb/>1.1.	Civiles<lb/><lb/>2.	EDUCACIÓN Y FORMACIÓN<lb/>2.1.	Certificados<lb/>2.2.	Memorias de viaje<lb/><lb/>3.	FAMILIAR<lb/>3.1.	Testimonios<lb/>3.1.1.	Memorias biográficas<lb/>3.1.2.	Recordatorios de acontecimientos familiares<lb/>3.2.	Apuntes<lb/>3.2.1.	Personales<lb/>3.2.2.	Familiares<lb/><lb/>4.	ACTIVIDADES BIBLIÓFILAS<lb/>4.1.	Publicaciones / Artículos<lb/>4.1.1.	De Arturo Xalambrí<lb/>4.1.2.	De otros autores<lb/>4.2.	Discursos / Conferencias de Prensa<lb/>4.2.1.	De Arturo Xalambrí<lb/>4.2.2.	De otros<lb/>4.3.	Informes<lb/>4.3.1.	De Arturo Xalambrí<lb/>4.3.2.	De otros<lb/>4.4.	Trabajos académicos<lb/>4.4.1.	Cervantinos<lb/>4.4.2.	Otros<lb/>4.5.	Ex-libris<lb/>4.5.1.	Biblioteca de Arturo Xalambrí<lb/>4.5.2.	Bibliotecas<lb/>4.6.	Borradores / Apuntes / Otros escritos<lb/>4.6.1.	De Arturo Xalambrí<lb/>4.6.2.	De otros<lb/>4.7.	Obras artísticas<lb/>4.7.1.	Textos literarios<lb/>4.7.2.	Dibujos / Pinturas<lb/>4.8.	Programas de eventos<lb/>4.8.1.	Cervantinos<lb/>4.8.2.	Religiosos<lb/><lb/>5.	RELACIONES EXTERNAS<lb/>5.2.	Correspondencia<lb/>5.2.1.	Familiar<lb/>5.2.2.	Cervantina<lb/>5.2.3.	Religiosa<lb/>5.2.4.	Profesional<lb/>5.2.5.	Amistades<lb/>5.3.	Telegramas<lb/>5.3.1.	Familiares<lb/>5.3.2.	Cervantinos<lb/>5.3.3.	Religiosos<lb/>5.3.4.	Profesionales<lb/>5.3.5.	Amistades<lb/>5.4.	Tarjetas / Postales<lb/>5.4.1.	Saludos<lb/>5.4.2.	Invitaciones<lb/>5.5.	Estampas religiosas<lb/>5.5.1.	Eventos particulares<lb/>5.5.2.	Temas generales<lb/>5.6.	Notas<lb/>5.6.1.	De Arturo Xalambrí<lb/>5.6.2.	De otros<lb/>5.7.	Dedicatorias<lb/>5.7.1.	De Arturo Xalambrí<lb/>5.7.2.	De otros<lb/>5.8.	Testimonios<lb/>5.8.1.	Biografías<lb/>5.8.2.	Recordatorios<lb/>5.8.3.	Señaladores de libros<lb/>5.8.4.	Sobres<lb/><lb/>6.	OTROS DOCUMENTOS<lb/>6.1.	Fotografías<lb/>6.1.1.	Personales<lb/>6.1.2.	Familiares<lb/>6.1.3.	Cervantinas<lb/>6.1.4.	Religiosas<lb/>6.1.5.	Amistades / Personalidades<lb/>6.1.6.	Negativos<lb/>6.2.	Postales<lb/>6.2.1.	Obras de arte<lb/>6.2.2.	Paisajes<lb/>6.3.	Prensa<lb/>6.3.1.	Diarios / Semanarios<lb/>6.3.2.	Artículos de Arturo Xalambrí<lb/>6.3.3.	Artículos de otros autores<lb/>6.3.4.	Necrológicas<lb/>6.4.	Material de difusión<lb/>6.4.1.	Dípticos / Trípticos / Otros folletos<lb/>6.4.2.	Carteles / Afiches<lb/>6.5.	Material bibliográfico<lb/>6.5.1.	Libros<lb/>6.5.2.	Boletines / Revistas<lb/>6.5.3.	Publicaciones. Asuntos Jurídicos<lb/>6.5.4.	Artículos<lb/>6.5.5.	Fichas<lb/>6.5.6.	Catálogos<lb/>6.5.7.	Listas<lb/>6.6.	Filatelia<lb/>6.6.1.	Sellos postales<lb/>6.6.2.	Proyectos<lb/>6.7.	Documentación administrativa<lb/>6.7.1.	Actas<lb/>6.7.2.	Circulares / Comunicados<lb/>6.7.3.	Reglamentos<lb/>6.8.	Documentación contable<lb/>6.8.1.	Facturas / Boletas / Recibos<lb/>6.8.2.	Resumen de Entradas y Salidas de Caja<lb/>6.9.	Miscelánea<lb/>6.9.1.	Sellos para impresiones<lb/>6.9.2.	Placas para impresiones<lb/><lb/>7.	JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN<lb/>7.1.	Fotografías<lb/>7.2.	Prensa<lb/>7.3.	Material de difusión<lb/>7.4.	Material bibliográfico<lb/>7.5.	Tarjetas / Postales<lb/>7.6.	Correspondencia<lb/>7.7.	Miscelánea<lb/>7.8.	Programas de eventos<lb/>7.9.	Ex libris</p>
    </arrangement>
    <controlaccess>
      <persname role="Creador" id="atom_539_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
      <name role="subject">Zorrilla de San Martín, Juan</name>
      <name role="subject">Cervantes Saavedra, Miguel de</name>
      <name role="subject">Balmes, Jaime</name>
      <name role="subject">Bauzá, Francisco</name>
      <persname role="subject">Menéndez Pidal, Ramón</persname>
      <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
      <persname role="subject">Azorín</persname>
      <subject>Cervantismo</subject>
      <subject>Religión</subject>
      <subject>Iglesia Católica</subject>
      <subject>Bibliotecas</subject>
      <subject>Filosofía</subject>
      <subject>Don Quijote de la Mancha</subject>
      <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
    </controlaccess>
    <phystech encodinganalog="3.4.3">
      <p>El estado de conservación de la mayoría de los documentos es aceptable o bueno. Algunos presentaban mayor cantidad de polvo y cierto grado de deterioro, tal como hojas dobladas y arrugadas. Se realizaron tareas de limpieza y alisado de hojas, se quitaron grapas y clips metálicos.<lb/>Dado el tiempo que estuvieron expuestos a cierto exceso de humedad ambiental en un recinto provisorio, se dio prioridad a las tareas de conservación preventiva de los documentos.</p>
    </phystech>
    <appraisal encodinganalog="3.3.2">
      <p>No se prevén.</p>
    </appraisal>
    <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
      <p>Donación.<lb/>La documentación ingresó a la Universidad de Montevideo en el año 2000 por donación de Teresa Xalambrí, hija de su creador.<lb/>Se custodia en el CEDEI desde el año 2015.</p>
    </acqinfo>
    <custodhist encodinganalog="3.2.3">
      <p>Arturo E. Xalambrí (1888-1975) nació y murió en Montevideo, Uruguay. Creó bibliotecas, promovió la difusión del libro, protegió numerosas iniciativas culturales y educativas a lo largo del país, mantuvo correspondencia con académicos de España, de Hispanoamérica y del mundo anglosajón, en particular con cervantistas de significación. Intervino en la prensa escrita y fue un coleccionista riguroso en los temas de su interés.<lb/><lb/>Entre los doce mil libros de su biblioteca se destaca la sección cervantina, con tres mil volúmenes, que constituye uno de los más importantes conjuntos de obras cervantinas de las Américas. Esta sección contiene obras de Cervantes en numerosas lenguas, ilustradas y editadas con primor desde el siglo XVII al XX.<lb/><lb/>La documentación generada y conservada por el bibliófilo, hispanista y cervantista uruguayo a lo largo de su vida se custodia junto a sus libros y objetos, integrando la colección de singular valor patrimonial, histórico y artístico que lleva su nombre.<lb/><lb/>La masa documental permaneció mucho tiempo en el anonimato, en la casa donde vivió sus últimos años D. Arturo E. Xalambrí, y es el objeto de esta descripción archivística.<lb/><lb/>Cuando pasó a ser custodiada en el CEDEI se guardó en grandes cajas de cartón que se ubicaron en un depósito.<lb/><lb/>Como antecedente de organización de los documentos se destaca el trabajo del propio Arturo Xalambrí, quien agrupó una gran mayoría de los mismos en carpetas rotuladas por procedencia o tema, encuadernó los que consideró más importantes, seleccionó recortes de prensa que pegó en hojas agrupadas a modo de carpeta, guardó álbumes de fotografías  y colección de sellos postales, entre otras tareas realizadas con visión de archivero. Algunos documentos, seleccionados posteriormente por consultas de investigadores, se encontraron agrupados en cajas, carpetas o sobres, con rótulos diversos.<lb/><lb/>La organización profesional del Archivo comenzó en el año 2017 con el apoyo económico de Iberarchivos ADAI, Programa de Ayuda al Desarrollo de Archivos Iberoamericanos. En esta primera fase del proyecto, implementada entre los meses de febrero y junio, se abordaron especialmente la organización y la conservación preventiva de documentos de acuerdo a las pautas de preservación documental. Se comenzó a elaborar un inventario y se realizaron actividades de difusión de la documentación y de la intervención archivística.<lb/>Entre los meses de setiembre de 2019 y febrero de 2020 se implementó la segunda fase del proyecto gracias a un nuevo apoyo de Iberarchivos ADAI. En esta oportunidad se dio prioridad a los documentos relacionados con la obra de Cervantes, los que se limpiaron y acondicionaron en carpetas libres de ácido. Se continuaron registrando series documentales en el Inventario y se comenzó a elaborar un Catálogo con la descripción de unidades documentales seleccionadas.<lb/>Se abordó la difusión del Archivo Arturo E. Xalambri en Internet con la instalación del Software AtoM y la creación de la página https://www.cervantesenmontevideo.com<lb/>Al contar con estos recursos informáticos se comenzaron a digitalizar imágenes y se adjuntaron a la descripción archivística de sus correspondientes unidades documentales. Estas descripciones se integraron a las de sus respectivas series y a la del fondo documental.</p>
    </custodhist>
    <processinfo>
      <p>
        <date>1ra. Fase – Febrero a junio de 2017 (Creación)<lb/>2da. Fase – Setiembre de 2019 a febrero de 2020   (Creación)</date>
      </p>
      <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra
<lb/>
<lb/></p>
    </processinfo>
    <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
      <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
    </accessrestrict>
    <userestrict encodinganalog="3.4.2">
      <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
    </userestrict>
    <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
      <p>Inventario.<lb/>Catálogo en AtoM.<lb/>Se continúa con el proceso de actualización de los instrumentos de descripción.</p>
    </otherfindaid>
    <bibliography encodinganalog="3.5.4">
      <p>Intendencia Municipal de Montevideo (Org.). (2018). II Festival Internacional Cervantino Montevideo : el festival de las artes del sur : octubre y noviembre 2018. Montevideo: Intendencia Municipal de Montevideo.
<lb/>
<lb/>Penco, W. y Trenti Rocamora, J. L. (2001). Edición de dos memorativos sobre el bibliófilo uruguayo Arturo Esteban [Estanislao] Xalambrí en homenaje de la Sociedad de Estudios Bibliográficos Argentinos a la Peña bibliográfica de Montevideo que convoca Diego González. Buenos Aires: SEBA.
<lb/>
<lb/>Universidad de Montevideo (Org.) y Marcos Marín, F. (Comisario). (2001). La belleza de la biblioteca : la recepción de Cervantes en Uruguay a través de Arturo Xalambrí. Montevideo: Embajada de España.
<lb/>
<lb/></p>
    </bibliography>
    <dsc type="combined">
      <c otherlevel="" level="otherlevel">
        <did>
          <unittitle encodinganalog="3.1.2">Familiar</unittitle>
          <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-3.</unitid>
          <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1871-2000</unitdate>
          <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel.<lb/>Selección de 3 documentos en soporte digital.    </physdesc>
        </did>
        <odd type="publicationStatus">
          <p>Publicado</p>
        </odd>
        <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
          <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
        </accessrestrict>
        <userestrict encodinganalog="3.4.2">
          <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
        </userestrict>
        <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
          <p>Inventario</p>
        </otherfindaid>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Testimonios</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-3.-1.</unitid>
            <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1928-1932</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        3 documentos.<lb/>Soporte papel y digital.    </physdesc>
            <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
              <language langcode="spa">español</language>
            </langmaterial>
            <note type="generalNote">
              <p>Se consideró el volumen de los testimonios catalogados. 
<lb/>Se prevé continuar con las tareas de digitalización y descripción archivística en línea de los documentos de esta serie.
<lb/>
<lb/></p>
            </note>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_1466_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>Documentos sueltos, encuadernados y pegados en carpetines.<lb/>Memorias biográficas, librillos, tarjetas, estampas religiosas y fotografías incluidas en impresos realizados con motivo de la celebración de eventos familiares.</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>3. Documentación familiar<lb/>3.1. Testimonios<lb/>3.1.1. Memorias biográficas<lb/>3.1.2. Recordatorios de acontecimientos familiares</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_1466_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            <persname role="subject">Xalambrí, Antonio</persname>
            <persname role="subject">Salom, Juana</persname>
            <persname role="subject">Xalambrí Laguardia, Eufemia M. Wilborada</persname>
            <persname role="subject">Xalambrí Laguardia, María Cecilia Teresita</persname>
            <genreform>Memorias biográficas</genreform>
            <genreform>Recordatorios</genreform>
            <subject>Familia</subject>
            <subject>Catolicismo</subject>
            <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
          </controlaccess>
          <phystech encodinganalog="3.4.3">
            <p>Buen estado de conservación.<lb/>Se realizó limpieza mecánica de los documentos.</p>
          </phystech>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación</p>
          </acqinfo>
          <processinfo>
            <p>
              <date>2020-01-21</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra
<lb/></p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
          </userestrict>
          <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
            <p>Inventario</p>
          </otherfindaid>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Recordatorios de acontecimientos familiares</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-3.-1.-2</unitid>
              <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1928/1932</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 librillo; 1 estampa religiosa; 1 carpetín. Soporte papel y digital.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <note type="generalNote">
                <p>Se consideraron las fechas extremas y el volumen de los recordatorios familiares catalogados. 
<lb/>Se prevé continuar con la digitalización, descripción archivística y difusión en línea de documentos de esta subserie.
<lb/></p>
              </note>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_1534_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Se encontraron librillos, tarjetas, estampas religiosas, fotografías incluidas en impresos realizados con motivo de la celebración de eventos familiares.</p>
            </scopecontent>
            <arrangement encodinganalog="3.3.4">
              <p>3.1. Testimonios<lb/>3.1.2. Recordatorios de acontecimientos familiares</p>
            </arrangement>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_1534_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              <persname role="subject">Xalambrí, Antonio</persname>
              <persname role="subject">Salom, Juana</persname>
              <persname role="subject">Xalambrí Laguardia, Eufemia M. Wilborada</persname>
              <persname role="subject">Xalambrí Laguardia, María Cecilia Teresita</persname>
              <genreform>Recordatorios</genreform>
              <subject>Familia</subject>
              <subject>Catolicismo</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <phystech encodinganalog="3.4.3">
              <p>Buen estado de conservación.</p>
            </phystech>
            <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
              <p>Donación</p>
            </acqinfo>
            <processinfo>
              <p>
                <date>2019-12-05</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Descripción: Arch. Berta Igoa
<lb/>Digitalización: Sofía Terra
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/></p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
            </otherfindaid>
            <c level="item">
              <did>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Primera Comunión de Wilborada Xalambrí Laguardia</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-3.-1.-2-1</unitid>
                <unitdate normal="1930-01-14/1930-01-14" encodinganalog="3.1.3">1930-01-14</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 librillo: tapas y 22 hojas. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/9/c/c/9cc97482a56c465bdc7b751a7d523d6e2c30f4d6726aa083627aab1ed03d1ec8/AAX-3_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1460_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Librillo encuadernado en cuero de color verde con título en letras doradas: "Recuerdo de mi Primera Comunión - Wilborada".<lb/>El librillo contiene textos impresos: dos atribuidos a Wilborada; varios de reconocidos escritores, entre ellos Cervantes y Juan Zorrilla de San Martín; otros de religiosos, tales como Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús y el Dr. Mariano Soler.<lb/>El 14 de enero de 1930 la hija mayor de Arturo Xalambrí y Eufemia Laguardia tomó su Primera Comunión en la Parroquia de María Auxiliadora (Cripta) en ocasión de conmemorarse el 3er. aniversario del fallecimiento de su madre.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>3.1. Testimonios<lb/>3.1.2. Recordatorios de acontecimientos familiares<lb/>3.1.2.1. Primera Comunión de Wilborada Xalambrí Laguardia</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1460_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí Laguardia, Eufemia M. Wilborada</persname>
                <genreform>Recordatorios</genreform>
                <genreform>Primera Comunión</genreform>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <subject>Familia</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-21 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción: Arch. Berta Igoa
<lb/>Digitalización: Sofía Terra
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Primera Comunión de María Cecilia Teresita Xalambrí Laguardia</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-3.-1.-2-2</unitid>
                <unitdate normal="1932-01-14/1932-01-14" encodinganalog="3.1.3">1932-01-14</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 estampa religiosa. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/7/3/d/73da9134ead138c13ce993159c37b9552de7709d102b4abe525c9f77fd896b30/AAX-3_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1464_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Estampa religiosa con formato de tarjeta díptica que contiene imagen religiosa, reproducción de fotografía de María C. Teresita, texto atribuido a ella, texto de Arturo y Cira Bildosteguy de Xalambrí, poema de Miguel de Cervantes Saavedra, sello de la Biblioteca de Arturo Xalambrí y nota manuscrita del productor en tinta roja.<lb/>El 14 de enero de 1932 la hija menor de Arturo Xalambrí y Eufemia Laguardia tomó su Primera Comunión en la Parroquia de María Auxiliadora (Cripta) en ocasión de conmemorarse el 5to. aniversario del fallecimiento de su madre.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>3.1. Testimonios<lb/>3.1.2. Recordatorios de acontecimientos familiares<lb/>3.1.2.2. Primera Comunión de María C. Teresita Xalambrí Laguardia</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1464_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí Laguardia, María Cecilia Teresita</persname>
                <genreform>Recordatorios</genreform>
                <genreform>Primera Comunión</genreform>
                <subject>Familia</subject>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Buen estado de conservación</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-21 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción: Arch. Berta Igoa
<lb/>Digitalización: Sofía Terra
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/></p>
              </processinfo>
              <originalsloc encodinganalog="3.5.1">
                <p>3.1.2.1. Primera Comunión de Wilborada Xalambrí Laguardia.<lb/>Archivo Arturo Xalambrí</p>
              </originalsloc>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Bodas de Oro de Antonio Xalambrí y Juana Salom</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-3.-1.-2-3</unitid>
                <unitdate normal="1928-11-09/1928-11-09" encodinganalog="3.1.3">1928-11-09</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carpetín. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/8/f/f/8ff4e80911b86f401912abc7cb06f14513c1856a13ef5011b399d8f740223ae0/AAX-3_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1724_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Recordatorio de las Bodas de Oro de Antonio Xalambrí y Juana Salom, padres de Arturo Xalambrí. Carpetín de … hojas conteniendo ...</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>3.1. Testimonios<lb/>3.1.2. Recordatorios de acontecimientos familiares<lb/>3.1.2.3. Bodas de Oro de Antonio Xalambrí y Juana Salom</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1724_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Antonio</persname>
                <persname role="subject">Salom, Juana</persname>
                <genreform>Recordatorios</genreform>
                <genreform>Bodas de Oro</genreform>
                <subject>Familia</subject>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Buen estado de conservación</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-30 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción: Arch. Berta Igoa
<lb/>Digitalización: Sofía Terra
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/></p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
          </c>
        </c>
      </c>
      <c otherlevel="" level="otherlevel">
        <did>
          <unittitle encodinganalog="3.1.2">Actividades bibliófilas</unittitle>
          <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4</unitid>
          <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1871-2000</unitdate>
          <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel.<lb/>Selección de 10 documentos en soporte digital.    </physdesc>
        </did>
        <odd type="publicationStatus">
          <p>Publicado</p>
        </odd>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Publicaciones. Artículos</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-1</unitid>
            <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1871-1998</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Distribuidos en 43 Carpetas ubicadas en 11 Cajas.<lb/>Soporte papel.<lb/>5 artículos. Soporte papel y digital    </physdesc>
            <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
              <language langcode="spa">español</language>
            </langmaterial>
            <note type="generalNote">
              <p>Desglose de volumen y fechas extremas
<lb/>Artículos: 37 Carpetas ubicadas en 11 Cajas (1875/1998); 
<lb/>Publicaciones: 21 Carpetas ubicadas en 10 Cajas (1871/1964) 
<lb/>
<lb/>Se prevé continuar el procesamiento archivístico y difusión en línea de los documentos de esta serie.</p>
            </note>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_1924_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>Publicaciones y artículos de Arturo E. Xalambrí y de otras personas, principalmente sobre temas relacionados con bibliotecas, libros, cervantismo y catolicismo. Numerosos artículos en recortes de prensa.</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>4. Actividades bibliófilas<lb/>4.1.  Publicaciones. Artículos<lb/>4.1.1. De Arturo Xalambrí<lb/>4.1.2. De distintos autores</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_1924_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            <persname role="subject">Quiña González, Juan A.</persname>
            <genreform>Artículos</genreform>
            <genreform>Publicaciones periódicas</genreform>
            <subject>Cervantismo</subject>
            <subject>Esperanto</subject>
            <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            <geogname>Buenos Aries (Argentina)</geogname>
          </controlaccess>
          <phystech encodinganalog="3.4.3">
            <p>En general el estado de conservación es aceptable.<lb/>Se realizó limpieza mecánica de los documentos.</p>
          </phystech>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación</p>
          </acqinfo>
          <processinfo>
            <p>
              <date>2019-12-05 (Creación)</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
          </userestrict>
          <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
            <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
          </otherfindaid>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">De Arturo Xalambrí</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-1-1</unitid>
              <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1875-2000</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel    </physdesc>
            </did>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0001">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0001">
                  11; Carpeta 56 - Inventario: Asiento N° 647              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Clave de esperanto en español</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-1-1-1</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">1943-09-02</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/2/6/c/26c01df30cb4a57195b333486f937a62bcaeaea3d5c4009f8a6cdc7f6670a770/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_769_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Documento de interés cervantino localizado en carpeta con el siguiente rótulo: "Esperanto. Dr. Juan A. Quiña González. Presidente del Esperantismo Católico en la Argentina".<lb/>Autor: Arturo Xalambrí</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_769_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Quiña González, Juan A.</persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Recortes de prensa</genreform>
                <genreform>Artículos</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <subject>Esperanto</subject>
                <geogname>Argentina</geogname>
                <geogname>Uruguay</geogname>
              </controlaccess>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-05 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Digitalización documental: Victor Da Silva</p>
              </processinfo>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0002">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0002">
                  11; Carpeta 56 - Inventario: Asiento N° 647              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">El Presidente del Esperantismo Católico en la Argentina</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-1-1-2</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">1947-04-27</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/c/5/a/c5aebb3f119f111820530d7e0ed1e5b9b831b1d8249da3ed8e6cee6b80b2fc86/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_770_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Artículo publicado en "El Bien Público". Documento de interés cervantino localizado en carpeta con el siguiente rótulo: "Esperanto. Dr. Juan A. Quiña González. Presidente del Esperantismo Católico en la Argentina".<lb/>Autor: Arturo Xalambrí</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_770_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Quiña González, Juan A.</persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Recortes de prensa</genreform>
                <genreform>Artículos</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <subject>Esperanto</subject>
                <geogname>Argentina</geogname>
                <geogname>Uruguay</geogname>
              </controlaccess>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-05 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Digitalización: Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
            </c>
          </c>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">De otros autores</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-1-4.1.2..</unitid>
              <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1875/2000</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel    </physdesc>
            </did>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0003">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0003">
                  11; Carpeta 56 - Inventario: Asiento N° 648              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Artículo del Boletín Esperantista Católico</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-1-4.1.2..-4.1.2.1</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">19460403</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/5/5/0/550e00db6b572945d2dd0862107ff297af1472132733fdc24a54c6d704dfd223/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_856_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Artículo del "Boletín Esperantista Católico " publicado en "El pueblo"  en 1946.<lb/>Trata sobre la traducción al Esperanto de un fragmento de "Don Quijote de la Mancha", edición especial realizada por Juan A. Quiña González a Arturo E. Xalambrí en conmemoración al IV Centenario del nacimiento de Cervantes<lb/>Autor: Juan A. Quiña González</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_856_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Quiña González, Juan A.</persname>
                <genreform>Recortes de prensa</genreform>
                <genreform>Artículos</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <subject>Esperanto</subject>
                <geogname>Argentina</geogname>
              </controlaccess>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>20191107 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción: Berta Igoa
<lb/>Digitalización: Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0004">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0004">
                  11; Carpeta 56 - Inventario: Asiento N° 648              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Artículo del Boletín Esperantista Católico</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-1-4.1.2..-4.1.2.2</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">S/F</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/4/1/8/418cd86fa9dbc23d4570b6bd55f396c71c62b33fd2aa14b1661ce4d705ecedd0/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_848_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Artículo del "Boletín Esperantista Católico " publicado en "El pueblo" (S/F).<lb/>Trata sobre la traducción al Esperanto de un fragmento de "Don Quijote de la Mancha", edición especial realizada por Juan A. Quiña González a Arturo E. Xalambrí en conmemoración al IV Centenario del nacimiento de Cervantes.<lb/>Autor: Juan A. Quiña González</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_848_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Quiña González, Juan A.</persname>
                <genreform>Recortes de prensa</genreform>
                <genreform>Artículos</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <subject>Esperanto</subject>
                <geogname>Argentina</geogname>
              </controlaccess>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>20191107 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción: Berta Igoa
<lb/>Digitalización: Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0005">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0005">
                  11; Carpeta 56 - Inventario: Asiento N° 648              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Idioma auxiliar</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-1-4.1.2..-4.1.2.3</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">S/F</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/1/1/7/1178e8fd7001bca615f504e57b4eedd990eff17a2643e530ce1549d981895106/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_863_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Artículo que trata sobre la traducción al Esperanto de un fragmento de "Don Quijote de la Mancha", edición especial realizada por Juan A. Quiña González a Arturo E. Xalambrí en conmemoración al IV Centenario del nacimiento de Cervantes.<lb/>Autor: Juan A. Quiña González</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_863_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Quiña González, Juan A.</persname>
                <genreform>Recortes de prensa</genreform>
                <genreform>Artículos</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <subject>Esperanto</subject>
                <geogname>Argentina</geogname>
              </controlaccess>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>20191107 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción: Berta Igoa
<lb/>Digitalización: Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
            </c>
          </c>
        </c>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Ex libris</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-5</unitid>
            <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1932-1960</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        31 Ex libris. Soporte papel.<lb/>5 Ex libris. Soporte papel y digital.    </physdesc>
            <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
              <language langcode="spa">español</language>
            </langmaterial>
            <note type="generalNote">
              <p>Se prevé continuar con las tareas archivísticas y difusión en línea de documentos de esta serie.</p>
            </note>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_901_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>Ex libris de Bibliotecas Cervantinas de Uruguay y España y de Bibliotecas de instituciones religiosas. Se localizaron dos o más ejemplares de algunos ex libris, de distintos tamaños y colores, sueltos, pegados en carpetín con título en letra manuscrita de Arturo Xalambrí, impresos en publicaciones.</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>4. Actividades bibliófilas<lb/>4.5. Ex libris<lb/>4.5.1. Biblioteca de Arturo Xalambrí<lb/>4.5.2. Bibliotecas</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_901_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
            <persname role="subject">Firpo, Orlando</persname>
            <name role="subject">Firpo, Amelia Marty de</name>
            <genreform>Ex libris</genreform>
            <subject>Cervantismo</subject>
            <subject>Catolicismo</subject>
            <subject>Bibliotecas</subject>
            <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            <geogname>Barcelona (España)</geogname>
          </controlaccess>
          <phystech encodinganalog="3.4.3">
            <p>Buen estado de conservación.<lb/>Se realizó limpieza mecánica de los documentos.</p>
          </phystech>
          <appraisal encodinganalog="3.3.2">
            <p>No se prevén nuevos ingresos.</p>
          </appraisal>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación</p>
          </acqinfo>
          <accruals encodinganalog="3.3.3">
            <p>No se prevén.</p>
          </accruals>
          <processinfo>
            <p>
              <date>2019-11-21 (Creación)</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
          </userestrict>
          <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
            <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
          </otherfindaid>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Biblioteca de Arturo Xalambrí</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-5-1</unitid>
              <unitdate encodinganalog="3.1.3">S.f.</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        2 Ex libris.<lb/>Soporte papel y digital    </physdesc>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2054_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Ex libris de la Biblioteca Cervantina de Arturo E. Xalambrí, ubicada en Montevideo (Uruguay)</p>
            </scopecontent>
            <arrangement encodinganalog="3.3.4">
              <p>4.5. Ex libris<lb/>4.5.1. Biblioteca de Arturo Xalambrí<lb/>4.5.1.1. Ex libris de Biblioteca de Arturo Xalambrí<lb/>4.5.1.2. Diseño de ex libris para Biblioteca de Arturo Xalambrí</p>
            </arrangement>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2054_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              <genreform>Ex libris</genreform>
              <subject>Cervantismo</subject>
              <subject>Bibliotecas</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
              <p>Donación</p>
            </acqinfo>
            <processinfo>
              <p>
                <date>2019-11-21 (Creación)</date>
              </p>
            </processinfo>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0006">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0006">
                  10; Carpeta 53; Inventario: Asiento N° 632              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Ex libris de Biblioteca Cervantina de Arturo E. Xalambrí</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-5-1-1</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">S.f.</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 Ex libris. Soporte papel y digital.<lb/>2 ejemplares.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>Ex libris pegado en carpeta en la que se encuentran pegados 28 ejemplares de bibliotecas cervantinas y religiosas, y otro diseño de ex libris de la Biblioteca de Arturo Xalambrí junto a tarjeta del mismo autor, ambos sin pegar.</p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/null/f/8/d/f8d2392a961756c5f8a241e4cf5ee4c859b526339f86340fdb97c09c8e882903/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_998_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Ex libris de la Biblioteca Cervantina de Arturo E. Xalambrí, situada en Montevideo (Uruguay).</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_998_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Ex libris</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Víctor Da Silva </p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0007">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0007">
                  10; Carpeta 53; Inventario: Asiento N° 632              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Diseño de ex libris para Biblioteca Cervantina de Arturo E. Xalambrí y tarjeta adjunta</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-5-1-2</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">S.f.</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 diseño de ex libris. Soporte papel y digital<lb/>1 tarjeta adjunta. Soporte papel y digital<lb/>2 hojas    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>Los dos documentos se encuentran sueltos en carpeta que contiene pegados 28 ejemplares de ex libris de bibliotecas cervantinas y religiosas.</p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/null/1/e/f/1ef0fbb124285be06dd22c5f84889173f5e107e6a50375251e8326839d828699/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1045_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Diseño de ex libris para la Biblioteca Cervantina de Arturo E. Xalambrí y tarjeta adjunta, realizados por el dibujante uruguayo Geoffrey Edward (Jefferi) Foladori, quien utilizaba el seudónimo "Fola" para firmar sus trabajos.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1045_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Foladori, Geoffrey Edward</persname>
                <genreform>Ex libris</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
          </c>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Bibliotecas</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-5-2</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1932/1960</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        3 Ex libris.<lb/>Soporte papel y digital.    </physdesc>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_932_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Ex libris de Bibliotecas Cervantinas de Uruguay y España y de Bibliotecas de instituciones religiosas.</p>
            </scopecontent>
            <arrangement encodinganalog="3.3.4">
              <p>4.5. Ex libris<lb/>4.5.2. Bibliotecas<lb/>4.5.2.1 - Ex libris de Biblioteca de Juan Sedó Peris-Mencheta (1932)<lb/>4.5.2.1 - Ex libris de Biblioteca de Juan Sedó Peris-Mencheta (1960)<lb/>4.5.2.1 - Ex libris de Biblioteca “Amelia Marty de Firpo”</p>
            </arrangement>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_932_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
              <persname role="subject">Firpo, Orlando</persname>
              <name role="subject">Firpo, Amelia Marty de</name>
              <genreform>Ex libris</genreform>
              <subject>Cervantismo</subject>
              <subject>Catolicismo</subject>
              <subject>Bibliotecas</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              <geogname>Barcelona (España)</geogname>
            </controlaccess>
            <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
              <p>Donación</p>
            </acqinfo>
            <processinfo>
              <p>
                <date>2019-11-21 (Creación)</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Descripción: Arch. Berta Igoa</p>
            </processinfo>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0008">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0008">
                  2; Carpeta 7 - Inventario: Asiento N° 161              </container>
                <physloc id="physloc0009">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0009">
                  2; Carpeta 8 - Inventario: Asiento N° 162              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Ex libris de Biblioteca de Juan Sedó Peris-Mencheta (1932)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-5-2-1</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1932</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 Ex libris. Soporte papel y digital<lb/>11 ejemplares    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>11 ejemplares:
<lb/>- 1 en blanco y negro y 1 color dorado, pegados en hojas encuadernadas con tapa dura verde
<lb/>- 9 en distintos colores, pegados en una hoja en encuadernación con tapa dura roja</p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/a/c/4/ac4eb40150c46c9c772750e0b298df0796937a08cf03c86dea5a181547097e2c/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1079_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Ex libris de la Biblioteca Cervantina de Juan Sedó Peris-Mencheta, situada en Barcelona (España).<lb/>Se localizaron 11 ejemplares: 1 en blanco y negro y 1 color dorado pegados en hojas encuadernadas con tapa dura verde; 9 en distintos colores, pegados en una hoja en encuadernación con tapa dura roja.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1079_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
                <genreform>Ex libris</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Barcelona (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07  (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0010">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0010">
                  2; Carpeta 7 - Inventario: Asiento N° 161              </container>
                <physloc id="physloc0011">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0011">
                  2; Carpeta 8 - Inventario: Asiento N° 162              </container>
                <physloc id="physloc0012">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0012">
                  9; Carpeta 44 - Inventario: Asiento N° 498              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Ex libris de Biblioteca de Juan Sedó Peris-Mencheta (1960)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-5-2-2</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1960</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 Ex libris. Soporte papel.<lb/>3 ejemplares    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>Se localizaron tres ejemplares: 1 en encuadernación con tapa dura de color verde*; 1 en encuadernación con tapa dura de color rojo y 1 suelto localizado previamente en carpeta rotulada: “Reproducciones de pinturas sobre El Quijote”.</p>
                </note>
                <note type="generalNote">
                  <p> </p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/6/5/f/65ff12b5cff4efae4c4df5b8d2123dfe41400d6b0e2dcedeab805460bd6dbd99/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1096_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Ex libris de la Biblioteca Cervantina de Juan Sedó Peris-Mencheta, situada en Barcelona (España).<lb/>Imagen en contratapa de publicación realizada con motivo del XXXV aniversario de la fundación de la Biblioteca Cervantista de Juan Sedó.<lb/>Al pie de la imagen, aparece impresa la siguiente nota:<lb/>“Xilografía de Enrique C. Ricart ganadora del ‘Concurso Sedó Peris Mencheta 1960’, pocos días antes de su fallecimiento, y ofrecida por la ‘Asociación de Exlibristas de Barcelona’ a su patrocinador.”<lb/>En una de las publicaciones aparece en relación a la imagen del ex libris, en letra manuscrita con tinta azul, la siguiente nota de Arturo E. Xalambrí:<lb/>“Ante el cuadro de Dubrán. Don Quijote, excelso idealizador que veía castillos en las ‘ventas’ de un mundo que hace ventas de los castillos …”</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1096_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
                <genreform>Ex libris</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Barcelona (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0013">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0013">
                  9; Carpeta 43 - Inventario: Asientos N° 464; 465              </container>
                <physloc id="physloc0014">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0014">
                  5; Carpeta 22 - Inventario: Asientos N° 232; 234              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Ex libris de Biblioteca Cervantista “Amelia Marty de Firpo”</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-4-5-2-3</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">S/F</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 Ex libris. Soporte papel.<lb/>Ejemplares de distintos tamaños    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>El ex libris de mayor tamaño, que incluye dedicatoria, se encuentra en la Caja 9; Carpeta 43.</p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/c/2/e/c2ef7446746f07fe75355110e490344937198c9795a401510af98a10ab49a2fd/AAX-4_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1101_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Ex libris de la “Biblioteca Cervantista Amelia Marty de Firpo”. Entre varios ejemplares se encuentra uno de mayor tamaño con dedicatoria fechada en el año 1947, en letra manuscrita, de Orlando Firpo a Arturo E. Xalambrí.<lb/>La imagen del ex libris aparece en folletos de difusión impresos en distintas ocasiones.<lb/>El 1º de abril de 1942 Orlando Firpo inauguró en Montevideo (Uruguay) una biblioteca cervantina y de caballería a la que dio el nombre de su esposa, fallecida poco tiempo antes.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1101_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <name role="subject">Firpo, Amelia Marty de</name>
                <persname role="subject">Firpo, Orlando</persname>
                <genreform>Ex libris</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Víctor Da Silva </p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
          </c>
        </c>
      </c>
      <c otherlevel="" level="otherlevel">
        <did>
          <unittitle encodinganalog="3.1.2">Relaciones externas</unittitle>
          <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.</unitid>
          <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1871-2000</unitdate>
          <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel.<lb/>Selección de 21 documentos en soporte digital.    </physdesc>
          <origination encodinganalog="3.2.1">
            <persname id="atom_2459_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
          </origination>
        </did>
        <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
          <note>
            <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
          </note>
        </bioghist>
        <odd type="publicationStatus">
          <p>Publicado</p>
        </odd>
        <arrangement encodinganalog="3.3.4">
          <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
        </arrangement>
        <controlaccess>
          <persname role="Creador" id="atom_2459_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
        </controlaccess>
        <appraisal encodinganalog="3.3.2">
          <p>No se prevén.</p>
        </appraisal>
        <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
          <p>Donación</p>
        </acqinfo>
        <processinfo>
          <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
        </processinfo>
        <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
          <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
        </accessrestrict>
        <userestrict encodinganalog="3.4.2">
          <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
        </userestrict>
        <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
          <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
        </otherfindaid>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Cartas</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-1</unitid>
            <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1902-2000</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1441 cartas distribuidas en 40 carpetas. Soporte papel.<lb/>7 cartas. Soporte digital.    </physdesc>
            <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
              <language langcode="spa">español</language>
              <language langcode="eng">inglés</language>
            </langmaterial>
            <note type="generalNote">
              <p>Las cartas se encuentran distribuidas en carpetas junto a otra documentación, conservando el orden original y los agrupamientos realizados por Arturo Xalambrí. 
<lb/>- Se prevé un gran incremento, en forma gradual, de la cantidad de cartas incorporadas a la descripción archivística. 
<lb/>- El volumen en soporte papel corresponde al de todas las cartas encontradas. 
<lb/>- El volumen en soporte digital no incluye cartas de la Serie Correspondencia.</p>
            </note>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_543_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>El volumen localizado se compone de 983 cartas originales y 458 copias.<lb/>Se trata de manuscritos y textos mecanografiados correspondientes a:<lb/>- copias de cartas enviadas por Arturo Xalambrí;<lb/>- originales de cartas recibidas por Arturo Xalambrí;<lb/>- originales de cartas enviadas y recibidas por otras personas.<lb/><lb/><lb/><lb/>Los temas más abordados en las cartas son los relacionados con libros, bibliotecas, cervantismo y catolicismo.<lb/><lb/>A partir de los Puntos de acceso de esta Serie se ofrece información sobre cervantistas cuyas cartas aún no han sido digitalizadas ni catalogadas. Se proyecta su incorporación gradual a la descripción de unidades documentales en línea.</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>5. Relaciones externas<lb/>5.1. Cartas<lb/>5.1.1. Familiares;<lb/>5.1.2.- Cervantinas;<lb/>5.1.3. Religiosas;<lb/>5.1.4. Profesionales / Institucionales;<lb/>5.1.5. Amistades.</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_543_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <persname role="subject">Areny Batlle, Ramón</persname>
            <persname role="subject">Baig Baños, Aurelio</persname>
            <persname role="subject">Firpo, Orlando</persname>
            <persname role="subject">Givanel Mas, Juan</persname>
            <persname role="subject">Oláran Chans, Justo</persname>
            <persname role="subject">Pueyrredón, Carlos A.</persname>
            <persname role="subject">Robert, Cándido</persname>
            <persname role="subject">Sánchez Castañer, Francisco</persname>
            <persname role="subject">Suñé Benages, Juan José</persname>
            <persname role="subject">Vergara, Raúl</persname>
            <persname role="subject">Astrana Marín, Luis</persname>
            <persname role="subject">Lucas, Gregorio de</persname>
            <persname role="subject">Keller, Carl Tilden</persname>
            <persname role="subject">Mateu y Llopis, Felipe</persname>
            <persname role="subject">Rodríguez Marín, Francisco</persname>
            <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
            <persname role="subject">Sanz, Clementino</persname>
            <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
            <persname role="subject">Sos y Gautreau, Ciriaco</persname>
            <name role="subject">Barbazán, Julián</name>
            <name role="subject">Cortejón y Lucas, Clemente</name>
            <name role="subject">Goyret, Carlos</name>
            <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            <genreform>Cartas</genreform>
            <subject>Catolicismo</subject>
            <subject>Cervantismo</subject>
            <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            <geogname>Madrid (España)</geogname>
            <geogname>Buenos Aries (Argentina)</geogname>
            <geogname>Córdoba (Argentina)</geogname>
            <geogname>Boston (Estados Unidos)</geogname>
            <geogname>La Habana (Cuba)</geogname>
            <geogname>Barcelona (España)</geogname>
          </controlaccess>
          <phystech encodinganalog="3.4.3">
            <p>El estado de conservación de la generalidad de las cartas es bueno.<lb/>Se realizó limpieza mecánica y acondicionamiento de las cartas en carpetas libres de ácido que luego se guardaron en cajas de cartón.</p>
          </phystech>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación</p>
          </acqinfo>
          <processinfo>
            <p>
              <date>2019-12-05  (Creación)</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa 
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga 
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>
              <lb/>
            </p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
          </userestrict>
          <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
            <p>- Inventario<lb/>- Catálogo</p>
          </otherfindaid>
          <bibliography encodinganalog="3.5.4">
            <p>Transcripción de carta de Arturo Xalambrí a Juan Sedó Peris Mencheta (Montevideo, 24 de julio de 1941) publicada en Catálogo del Festival Cervantino de Montevideo. CCE, 2018
<lb/></p>
          </bibliography>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Cervantinas</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-1-2</unitid>
              <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1937-1947</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        7 cartas. Soporte papel.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
                <language langcode="eng">inglés</language>
              </langmaterial>
              <note type="generalNote">
                <p>Se consideraron las fechas extremas y el volumen de las Unidades documentales catalogadas.</p>
              </note>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2419_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Manuscritos y textos mecanografiados de cartas de cervantistas o por temas vinculados al cervantismo. Se trata de documentos originales de distintos autores.<lb/>A partir de los Puntos de acceso de esta Subserie se ofrece información sobre cervantistas cuyas cartas aún no han sido digitalizadas ni catalogadas. Se proyecta su incorporación gradual a la descripción de unidades documentales en línea.</p>
            </scopecontent>
            <arrangement encodinganalog="3.3.4">
              <p>5.1. Cartas<lb/>   5.1.2. Cervantinas</p>
            </arrangement>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2419_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <persname role="subject">Areny Batlle, Ramón</persname>
              <persname role="subject">Astrana Marín, Luis</persname>
              <persname role="subject">Baig Baños, Aurelio</persname>
              <name role="subject">Barbazán, Julián</name>
              <name role="subject">Cortejón y Lucas, Clemente</name>
              <persname role="subject">Firpo, Orlando</persname>
              <persname role="subject">Givanel Mas, Juan</persname>
              <name role="subject">Goyret, Carlos</name>
              <persname role="subject">Keller, Carl Tilden</persname>
              <persname role="subject">Lucas, Gregorio de</persname>
              <persname role="subject">Mateu y Llopis, Felipe</persname>
              <persname role="subject">Oláran Chans, Justo</persname>
              <persname role="subject">Pueyrredón, Carlos A.</persname>
              <persname role="subject">Robert, Cándido</persname>
              <persname role="subject">Rodríguez Marín, Francisco</persname>
              <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
              <persname role="subject">Sánchez Castañer, Francisco</persname>
              <persname role="subject">Sanz, Clementino</persname>
              <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
              <persname role="subject">Sos y Gautreau, Ciriaco</persname>
              <persname role="subject">Suñé Benages, Juan José</persname>
              <persname role="subject">Vergara, Raúl</persname>
              <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              <genreform>Cartas</genreform>
              <subject>Cervantismo</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              <geogname>Barcelona (España)</geogname>
              <geogname>Buenos Aries (Argentina)</geogname>
              <geogname>Córdoba (Argentina)</geogname>
              <geogname>Boston (Estados Unidos)</geogname>
              <geogname>La Habana (Cuba)</geogname>
            </controlaccess>
            <phystech encodinganalog="3.4.3">
              <p>Buen estado de conservación.</p>
            </phystech>
            <appraisal encodinganalog="3.3.2">
              <p>No se prevén.</p>
            </appraisal>
            <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
              <p>Donación</p>
            </acqinfo>
            <processinfo>
              <p>
                <date>2019-12-05  (Creación)</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa 
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga 
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra </p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
            </otherfindaid>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0015">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0015">
                  9; Carpeta 43 - Inventario: Asiento N° 476              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Juan Givanel Mas a Arturo Xalambrí (1946-09-14)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-1-2-1</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">1946</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>1 hoja; 2 páginas.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>Juan Givanel Mas falleció el 19 de diciembre de 1946, tres meses después de haber escrito esta carta.</p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/d/5/8/d5836ef01df75c3530f974bc3f4577d39143f336d6a1135c1b7813a07df1e932/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2354_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Juan Givanel Mas expresa que hace mucho tiempo que no escribe a sus amigos, que se encuentra cansado y que no confía en salir bien de su empresa en cuanto a las actividades que proyecta para el próximo año con motivo de la celebración del quinto centenario del nacimiento de Cervantes.<lb/>Agradece a Arturo Xalambrí por un ejemplar de La Numancia de Cervantes -obra de teatro modernizada por el poeta Rafael Alberti en cuya representación supone que Doña Margarita representaría a España-, destaca a Juan Sedó Peris-Mencheta entre los cervantistas de Cataluña y se refiere a sus propias publicaciones en elaboración.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2354_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Givanel Mas, Juan</persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Barcelona (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Carta en hoja membretada, en tinta negra, en letra manuscrita algo confusa y con la reescritura de una palabra corregida, con sublineados y firma del autor.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-30 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0016">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0016">
                  9; Carpeta 43; Inventario: Asiento N° 477              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Juan Givanel Mas a Clemente Cortejón (1911-09-09)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-1-2-2</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1911</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel.<lb/>1 hoja; 4 páginas.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>Clemente Cortejón y Lucas falleció en 1911, el mismo año en que está fechada la carta. </p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/2/3/2/23205119caf4b17b0e9dce36709d6efb538a8727d0674e550cde02aff50fcb70/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2362_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Carta en términos amistosos en la que Juan Givanel Mas expresa, entre otras cosas, su opinión sobre la mejor actitud a tomar por el destinatario de la carta en relación a las críticas hacia una obra.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2362_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Givanel Mas, Juan</persname>
                <name role="subject">Cortejón y Lucas, Clemente</name>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Barcelona (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Carta manuscrita en tinta negra, con sublineados y firma del autor. Membrete de J. Givanel Mas en la primera hoja, sello de la biblioteca cervantina de Arturo Xalambrí y nota manuscrita de este último en tinta azul registrando que el documento le fue obsequiado por Adelina Flochs, sobrina de D. Juan Suñé Benages, quien fuera discípulo de Cortejón.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-30 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0017">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0017">
                  11; Carpeta 58 - Inventario: Asiento N° 789              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Carl T. Keller a Arturo Xalambrí (1947-12-09)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-1-2-3</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">1947</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital<lb/>1 hoja; 1 página    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="eng">inglés</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/3/b/c/3bcb91db9f58f538a2df8b28bd2a907cf55bf30a617b84f72042c9aff5adfb72/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2370_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Desde Boston, Massachusetts, Carl T. Keller comunica a Arturo Xalambrí que le reenvía por correo ordinario una copia del Boletín de alumnos de Harvard que tiene un interesante artículo relacionado con su colección y la exposición realizada durante una gran celebración.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2370_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Keller, Carl Tilden</persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Boston (Estados Unidos)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>En hoja membretada, carta mecanografiada en tinta negra con firma manuscrita.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-30 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0018">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0018">
                  6; Carpeta 30; Inventario: Asiento N° 320              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Justo Olarán Chans al P.  Carlos Goyret S. J.</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-1-2-4</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">1947</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital<lb/>2 hojas; 2 páginas    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>Justo Olarán Chans fue un poeta uruguayo radicado en Argentina durante su juventud, reconocido entre los estudiosos de Cervantes por su obra "Glosario Cervantino".</p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/0/3/f/03f03ac940ea359069980c970105f1bb9555b28c29a1922fa1a0e0efc42a5653/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2379_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Desde Buenos Aires (Argentina), carta de Justo Olarán Chans dirigida al P. Carlos Goyret S.J. – Instituto de Literatura y Humanidades de la Compañía de Jesús – Córdoba (Argentina).<lb/>En respuesta a su carta le informa que la ha pasado al “Secretario del Seminario Cervantino de n/Ateneo Ibero-Americano (Lima 383, Bs. As.) y Secretario también de la Comisión de Homenaje constituida para conmemorar el IV centenario del nacimiento de don Miguel de Cervantes” y que él le escribirá directamente.<lb/>En relación al cervantismo se refiere a Arturo E. Xalambrí como su ilustrado compatriota y amigo residente en Montevideo y destaca El Quijote comentado por D. Francisco Rodríguez Marín, cuya lectura recomienda por sus aportes desde el punto de vista literario.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2379_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Oláran Chans, Justo</persname>
                <name role="subject">Goyret, Carlos</name>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Buenos Aries (Argentina)</geogname>
                <geogname>Córdoba (Argentina)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Carta mecanografiada en tinta negra con sello “COPIA” al comienzo y sello del nombre del autor al pie.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-30 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0019">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0019">
                  9; Carpeta 43 - Inventario: Asiento N° 475              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Carlos A. Pueyrredón a Arturo Xalambrí (1941-12-15)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-1-2-5</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1941</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>1 hoja; 1 página.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/6/d/f/6df07a8202e9ee8260e775ca5a7cdc0492b721f151c4dcfe821a57dc55769ebf/AAX-5.1.2._J002.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2386_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>El cervantista argentino recuerda su visita y la del Embajador a la biblioteca de Arturo Xalambrí, a quien no encontraron. Agradece la atención de su señora, quien les mostró la colección, y destaca el valor de uno de los ejemplares apreciados.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2386_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Pueyrredón, Carlos A.</persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Buenos Aries (Argentina)</geogname>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Hoja con membrete del Intendente Municipal de Buenos Aires. Carta mecanografiada con firma manuscrita en tinta negra.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-05 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0020">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0020">
                  9; Carpeta 43 - Inventario: Asiento N° 468              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Francisco Rodríguez Marín a Julián Barbazán (1937-12-20)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-1-2-6</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">1937</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>1 hoja; 2 páginas.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/f/4/8/f48d6dab202f9a5f97f602df65fceb4a575821d119c1428812b4c073ff3a5e06/AAX-5.1.2._J001.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2393_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>El cervantista español escribe al librero que ha terminado una obra donde comenta del Quijote y ha enviado a imprimir el prólogo y algunas notas de muestra en un folleto.<lb/>Se refiere a otra obra que emprende, de la que estima el número de páginas y de tomos.<lb/>Pregunta por dos libros de su interés.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2393_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Rodríguez Marín, Francisco</persname>
                <name role="subject">Barbazán, Julián</name>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Carta manuscrita firmada en tinta azul con sublineados. Breves anotaciones en lápiz en el margen superior de ambas páginas.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-12 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0021">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0021">
                  6; Carpeta 30; Inventario: Asiento N° 342              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Ciriaco Sos y Gautreau a Arturo Xalambrí (1941-10-21)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-1-2-7</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">1941</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>3 hojas; 5 páginas.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/2/b/c/2bc9f05b15f903ba7efc356f58236f2d81868c4348fb50a82ffb879f9853cc7b/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2401_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>El cervantista cubano se dirige al uruguayo agradeciendo el ejemplar de “Floresta Eucarística que le ha hecho llegar y le ha dedicado. Se ofrece a colaborar con el cervantismo en Uruguay enviando publicaciones sobre temas cervantinos.<lb/>Se refiere a su interés y su insistencia desde hace años para que se instituya oficialmente en Cuba el Día del Idioma y a la reunión de un grupo de amigos el 23 de abril para rendir homenaje a Cervantes ante su estatua.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2401_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Sos y Gautreau, Ciriaco</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>La Habana (Cuba)</geogname>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Hojas con formato de grandes tarjetas, pegadas en el ángulo superior derecho. Carta manuscrita en tinta negra con firma y nota manuscrita en el margen izquierdo de la última página.<lb/>Buen estado de conservación</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-30 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
          </c>
        </c>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Correspondencia</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2</unitid>
            <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1920/1969</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Más de 200 Unidades documentales en soporte papel, distribuidas en 32 Carpetas, en 8 Cajas.<lb/>14 documentos en soporte papel y digital.    </physdesc>
            <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
              <language langcode="spa">español</language>
              <language langcode="eng">inglés</language>
            </langmaterial>
            <note type="generalNote">
              <p>El volumen del Fondo documental no incluye el de la serie Correspondencia, pues esta se conforma con unidades documentales contabilizadas en las series Cartas, Tarjetas, Postales y Telegramas. El mismo criterio se aplica para las fotografías, dedicatorias, boletas por compras a librerías, filatelia cervantina u otros documentos adjuntos a los de la serie Correspondencia.</p>
            </note>
            <note type="generalNote">
              <p>Los puntos de acceso de esta serie remiten a información sobre cervantistas cuya correspondencia con Arturo Xalambrí se proyecta incorporar gradualmente a la difusión en línea de unidades documentales del archivo. </p>
            </note>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_544_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>Manuscritos y textos mecanografiados de la correspondencia establecida entre Arturo Xalambrí y cervantistas, religiosos, personalidades de la cultura, libreros, artistas. Se trata de copias de documentos enviados por el creador del archivo y de originales de otros autores.<lb/>Los temas relacionados con libros, bibliotecas, cervantismo y catolicismo son los más abordados en la correspondencia.</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>5. Relaciones externas<lb/>5.2. Correspondencia<lb/>5.2.1. Familiar<lb/>5.2.2. Cervantina<lb/>5.2.3. Religiosa<lb/>5.2.4. Profesional / Institucional<lb/>5.2.5. Amistades</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_544_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <persname role="subject">Areny Batlle, Ramón</persname>
            <persname role="subject">Astrana Marín, Luis</persname>
            <persname role="subject">Baig Baños, Aurelio</persname>
            <persname role="subject">Sos y Gautreau, Ciriaco</persname>
            <persname role="subject">Firpo, Orlando</persname>
            <persname role="subject">Givanel Mas, Juan</persname>
            <persname role="subject">Keller, Carl Tilden</persname>
            <persname role="subject">Lucas, Gregorio de</persname>
            <persname role="subject">Mateu y Llopis, Felipe</persname>
            <persname role="subject">Oláran Chans, Justo</persname>
            <persname role="subject">Pueyrredón, Carlos A.</persname>
            <persname role="subject">Robert, Cándido</persname>
            <persname role="subject">Rodríguez Marín, Francisco</persname>
            <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
            <persname role="subject">Sánchez Castañer, Francisco</persname>
            <persname role="subject">Sanz, Clementino</persname>
            <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
            <persname role="subject">Suñé Benages, Juan José</persname>
            <persname role="subject">Vergara, Raúl</persname>
            <genreform>Correspondencia</genreform>
            <subject>Familia</subject>
            <subject>Cervantismo</subject>
            <subject>Catolicismo</subject>
            <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
          </controlaccess>
          <phystech encodinganalog="3.4.3">
            <p>Buen estado de conservación<lb/>Se realizó limpieza mecánica de los documentos.</p>
          </phystech>
          <appraisal encodinganalog="3.3.2">
            <p>No se prevén.</p>
          </appraisal>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación</p>
          </acqinfo>
          <processinfo>
            <p>
              <date>2019-12-05 (Creación)</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
          </userestrict>
          <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
            <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
          </otherfindaid>
          <bibliography encodinganalog="3.5.4">
            <p>Transcripción de carta de Arturo Xalambrí a Juan Sedó Peris Mencheta (Montevideo, 24 de julio de 1941) publicada en Catálogo del Festival Cervantino de Montevideo. CCE, 2018  </p>
          </bibliography>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Cervantina</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2</unitid>
              <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947/1952</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        14 documentos en soporte papel y digital.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <note type="sourcesDescription">
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </note>
              <note type="generalNote">
                <p>Se consideraron las fechas extremas y el volumen de las unidades documentales catalogadas. 
<lb/></p>
              </note>
              <note type="generalNote">
                <p>Los puntos de acceso de esta subserie remiten a información sobre cervantistas cuya correspondencia con Arturo Xalambrí se proyecta incorporar gradualmente a la difusión en línea de unidades documentales del archivo. </p>
              </note>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2279_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Manuscritos y textos mecanografiados de la correspondencia establecida entre Arturo Xalambrí y cervantistas o por temas vinculados al cervantismo. Se trata de copias de documentos enviados por el creador del archivo y de originales de otros autores.</p>
            </scopecontent>
            <arrangement encodinganalog="3.3.4">
              <p>5.2. Correspondencia<lb/>5.2.2. Cervantina</p>
            </arrangement>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2279_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <persname role="subject">Areny Batlle, Ramón</persname>
              <persname role="subject">Astrana Marín, Luis</persname>
              <persname role="subject">Baig Baños, Aurelio</persname>
              <persname role="subject">Sos y Gautreau, Ciriaco</persname>
              <persname role="subject">Firpo, Orlando</persname>
              <persname role="subject">Givanel Mas, Juan</persname>
              <persname role="subject">Keller, Carl Tilden</persname>
              <persname role="subject">Lucas, Gregorio de</persname>
              <persname role="subject">Mateu y Llopis, Felipe</persname>
              <persname role="subject">Oláran Chans, Justo</persname>
              <persname role="subject">Pueyrredón, Carlos A.</persname>
              <persname role="subject">Robert, Cándido</persname>
              <persname role="subject">Rodríguez Marín, Francisco</persname>
              <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
              <persname role="subject">Sánchez Castañer, Francisco</persname>
              <persname role="subject">Sanz, Clementino</persname>
              <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
              <persname role="subject">Suñé Benages, Juan José</persname>
              <persname role="subject">Vergara, Raúl</persname>
              <genreform>Correspondencia</genreform>
              <subject>Cervantismo</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <phystech encodinganalog="3.4.3">
              <p>Buen estado de conservación</p>
            </phystech>
            <appraisal encodinganalog="3.3.2">
              <p>No se prevén.</p>
            </appraisal>
            <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
              <p>Donación</p>
            </acqinfo>
            <processinfo>
              <p>
                <date>2019-12-05   (Creación)</date>
              </p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
            </otherfindaid>
            <bibliography encodinganalog="3.5.4">
              <p>Transcripción de carta de Arturo Xalambrí a Juan Sedó Peris Mencheta (Montevideo, 24 de julio de 1941) publicada en Catálogo del Festival Cervantino de Montevideo. CCE, 2018  </p>
            </bibliography>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0022">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0022">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Arturo Xalambrí a Bartolomé José Ronco (1947-04-06)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-1</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947-04-06</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital<lb/>1 hoja    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/f/4/7/f47276c972cec82cc11e1f8f135476839eb6cc2c8b81379dfb7b1243683e43eb/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1837_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Presentación de un cervantista uruguayo a uno argentino, saludo y solicitud de información de interés para el Dr. Juan Sedó Peris-Mencheta, destacado cervantista español, y también para Arturo Xalambrí sobre “cuáles son los coleccionistas cervantinos de estos países”.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1837_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Copia mecanografiada de carta en tinta azul con firma “AEX” y nota manuscrita al pie, en lápiz rojo, de Arturo Xalambrí.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0023">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0023">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Bartolomé José Ronco a Arturo Xalambrí (1947-04-11)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-2</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947-04-11</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital<lb/>2 hojas    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/0/5/9/0592f568dd44571aa63c91782d8e6880b1542e38a2db36eb550ce45cc9650d5a/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1792_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Presentación y respuesta de un cervantista argentino a uno uruguayo, saludo e información sobre su colección de obras de Cervantes en general y del Quijote en particular, así como de láminas alusivas. Ronco también cuenta de su formación y actividades y expresa su interés en continuar la comunicación con Arturo Xalambrí.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1792_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <name role="subject">Salazar, Toño</name>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Hojas membretadas. Carta original mecanografiada en tinta negra con firma manuscrita de Bartolomé Ronco en tinta. Sublineados en rojo y en negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra
<lb/></p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0024">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0024">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Bartolomé José Ronco a Arturo Xalambrí (1947-04-15)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-3</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947-04-15</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital<lb/>1 hoja.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/0/c/a/0ca4370c755c6218c6f774c3c6d7bd0d9d26e6f77d0c2db4fbd9e49e0e81bd21/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1801_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Envío de Catálogo de la “Exposición Cervantes”, realizada en Azul (Argentina) el año 1932 por iniciativa de la Biblioteca Popular. El material que figura en el catálogo se encuentra en su Biblioteca, según expresa Ronco en la carta, junto a obras de Cervantes adquiridas con posterioridad a la exposición y publicaciones de su autoría sobre el tema.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1801_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <persname role="subject">Rodríguez Marín, Francisco</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Hoja membretada. Carta original mecanografiada en tinta negra con firma manuscrita de Bartolomé Ronco en tinta.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0025">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0025">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Arturo Xalambrí a Bartolomé José Ronco (1947-05-02)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-4</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947-05-02</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital<lb/>3 hojas.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/d/3/7/d37838279df86c37ec4e79e2ab10a834ba04ffa3b4bf697f7ec453ad49516391/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1846_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Reconocimiento de Arturo Xalambrí al Dr. Ronco y su obra, en especial la “Lexicografía Cervantina” que está preparando, y la Revista "AZUL”. Recuerda un valioso Diccionario inédito del cervantista español Juan Suñé Benages. Menciona algunas palabras creadas por él mismo a partir de “Cervantes” y “Quijote”.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1846_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <persname role="subject">Suñé Benages, Juan José</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Copia mecanografiada de carta en tinta azul sin firma, con tachaduras, enmiendas y notas de Arturo Xalambrí, manuscritas en tinta negra.<lb/>Aceptable estado de conservación, aunque hay algunos manchones suaves de tinta.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0026">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0026">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Bartolomé José Ronco a Arturo Xalambrí (1947-07-05)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-5</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947-05-07</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>1 hoja.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/3/b/0/3b0a56a8df5052c24f29cb802f9327407db39eb44a9431a6c8bfe5a2961a30f8/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1827_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>José Amendolara informa a Arturo Xalambrí que el Dr. Ronco se encuentra en Tandil participando de un ciclo de conferencias y que cuando regrese se comunicará con él.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1827_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <name role="subject">Amendolara, José</name>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Hoja con membrete del Dr. Bartolomé J. Ronco. Abogado. Carta original mecanografiada en tinta negra con firma manuscrita y aclaración de firma mecanografiada de José Amendolara, empleado del Estudio del Dr. Ronco.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0027">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0027">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Arturo E. Xalambrí a Bartolomé José Ronco (1947-07-09)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-6</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947-07-09</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>1 hoja.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/4/8/c/48ca1852a29b7e68ae390d779703b30c7ebcd4211318c0ed427932b54df271d0/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1847_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Arturo Xalambrí solicita a Bartolomé J. Ronco que le informe cuando periódicos de las localidades de Azul, C. Pringles, Tandil, entre otras, publiquen sobre cervantismo, original o reproducción. También expresa su interés por postales o fotos de monumentos.<lb/>Solicita envíe su Catálogo y publicaciones posteriores al Dr. Juan Sedó Peris-Mencheta.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1847_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Copia mecanografiada de carta en tinta negra, sin firma, con una palabra rectificada en letra manuscrita y pequeños manchones de tinta en la parte superior de la hoja.<lb/>Aceptable estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0028">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0028">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Bartolomé José Ronco a Arturo Xalambrí (1947-07-11)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-7</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947-07-11</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital<lb/>4 hojas.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/7/8/d/78d8723bc2756e0010840f5d17ea3222631de4f13a8a878c9388a1f3c464b4ba/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1811_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>El Dr. Ronco expresa reconocimiento y admiración hacia Arturo E. Xalambrí, sus actividades y obras. Destaca afinidades entre ambos: amor a Dios, a Cervantes y a España. Se refiere a los libros de su colección y a su archivo cervantino. Menciona eventos que se encuentra preparando, sus viajes, un accidente automovilístico, su silencio durante un tiempo y la información recopilada para responder a la solicitud del cervantista español Juan Sedó Peris-Mencheta.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1811_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <persname role="subject">Sedó Peris-Mencheta, Juan (1908-1966)</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Hojas membretadas. Carta original mecanografiada en tinta negra con firma de Bartolomé Ronco y notas manuscritas en tinta negra y azul en el margen de las hojas. Sublineados y señales en tinta roja. La nota en tinta azul, muy tenue, resulta ilegible.<lb/>Buen estado de conservación general.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0029">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0029">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Arturo Xalambrí a Bartolomé José Ronco (1974-07-18)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-8</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947-07-18</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>3 hojas.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/f/0/f/f0f64c1fb2932bd135b2389b646cc4b8a3e824878c701827d31c338299d6ddb1/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1848_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Arturo Xalambrí destaca el tema de conferencia de Bartolomé J. Ronco: “Cervantes a través de Sarmiento". Se siente honrado y agradecido ante la invitación a prestigiar con su nombre esa publicación y considera de más merecimiento para ello a algún cervantista argentino. Cita obras de cervantistas españoles y expresa su gran admiración por Cervantes como “ejemplo de amor a DIOS y a JESUCRISTO”.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1848_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <persname role="subject">Suñé Benages, Juan José</persname>
                <name role="subject">Suñé Fonbuena, Juan</name>
                <persname role="subject">Givanel Mas, Juan</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Copia mecanografiada de carta en tinta negra, con sublineados, sin firma.<lb/>Aceptable estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0030">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0030">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Arturo Xalambrí a Bartolomé José Ronco (1947-10-31)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-9</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1947-10-31</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>1 hoja.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/e/6/c/e6c805d839850932c651d7169b623d917dedadb35d37f9ef8186cec727609e4e/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1849_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Arturo Xalambrí invita a Bartolomé José Ronco a la “1a EXPOSICIÓN CERVANTINA EN URUGUAY”, le solicita un retrato suyo y un autógrafo para presentar en la exposición.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1849_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Eventos</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Copia mecanografiada de carta en tinta negra, sin firma.<lb/>Letras algo borrosas.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0031">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0031">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Arturo E. Xalambrí a Bartolomé José Ronco (1948-05-02)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-10</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1948-05-02</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital<lb/>2 hojas    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/5/e/3/5e3b1fc453ef04df0903053bcdfdca5a3e23b8470802f93db81c28e3772314c7/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1850_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Arturo Xalambrí saluda a Bartolomé José Ronco y se interesa por las razones de su silencio en los últimos tiempos, cuenta su actividad en relación a la 1a Exposición Cervantina en Uruguay, nombra reconocidos cervantistas – entre otras personalidades destacadas - cuyos retratos serán expuestos en la exposición y anuncia su próximo viaje a España.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1850_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <persname role="subject">Azorín</persname>
                <persname role="subject">Baig Baños, Aurelio</persname>
                <name role="subject">Cignoli, Leonardo</name>
                <name role="subject">León, Ricardo</name>
                <persname role="subject">Oláran Chans, Justo</persname>
                <persname role="subject">Pueyrredón, Carlos A.</persname>
                <persname role="subject">Rodríguez Marín, Francisco</persname>
                <persname role="subject">Suñé Benages, Juan José</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Copia mecanografiada de carta en tinta negra con firma “AEX” en lápiz rojo y nota al pie en tinta negra, manuscritas, de Arturo Xalambrí.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-31 (creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0032">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0032">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Bartolomé José Ronco a Arturo E. Xalambrí (1950-12-23)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-11</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1950-12-23</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital<lb/>1 hoja    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/7/d/5/7d52b87c920ceffb731c492953891d21836eb2a0ed188a2bac2907aa3fb7acae/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1819_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>El Dr. Ronco expresa su agradecimiento y emoción por los votos de felicidad, que retribuye, y las palabras que le ha dedicado Arturo Xalambrí. Manifiesta su esperanza de conocerle y poder conversar con él. Menciona al dibujante Toño Salazar.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1819_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <name role="subject">Salazar, Toño</name>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Hoja membretada. Carta original mecanografiada en tinta negra con firma y breve anotación manuscrita en tinta negra y con sublineados y señales en lápiz rojo.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2020-01-30 (creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0033">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0033">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Bartolomé José Ronco a Arturo Xalambrí (S/F)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-12</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">S.f.</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>2 hojas.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/9/5/7/9578c39278084ba7eea12b5c3bfe4d14f24c2c4fb61e885bb098cefbc093e971/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1836_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>El Dr. Ronco expresa sus impresiones sobre el viaje realizado a España y sobre la estatua de Cervantes en Madrid.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1836_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Hojas con el membrete “Bartolomé J. Ronco”. Carta manuscrita con firma en tinta negra.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0034">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0034">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Telegrama de Arturo Xalambrí a  María de las Nieves Clara Giménez de Ronco (1952-06-20)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-13</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1952-06-20</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 telegrama. Soporte papel y digital.<lb/>1 hoja.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/c/2/2/c22afb41205084990dcd13234f8209aa6581e5525fcd0d336fff9f4f0e02c09e/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              </did>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Saludo de pésame a la viuda de Bartolomé José Ronco expresando Xalambrí su admiración por el “eminente ciudadano argentino” recientemente fallecido y destacando sus valores.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <name role="subject">Gimenez de Ronco, María de las Nieves Clara</name>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Duelo</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Copia mecanografiada en tinta negra.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0035">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0035">
                  10; Carpeta 51; Inventario: Asiento N° 587              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de María de las Nieves G. de Ronco a Arturo Xalambrí (1952-06-24)</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-5.-2-2-14</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1952-06-24</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta. Soporte papel y digital.<lb/>2 hojas.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/4/1/b/41b81ec52962463b3c6115f677a0e016f721adad35618e4aae21a94bcbc36893/AAX-5_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1851_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>María de las Nieves G. de Ronco agradece a Arturo E. Xalambrí el telegrama recibido tras la muerte de su esposo, el cervantista argentino Dr. Bartolomé José Ronco, ocurrida el 6 de mayo de 1952.</p>
              </scopecontent>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1851_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <persname role="subject">Ronco, Bartolomé José</persname>
                <name role="subject">Gimenez de Ronco, María de las Nieves Clara</name>
                <genreform>Cartas</genreform>
                <genreform>Correspondencia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Azul (Argentina)</geogname>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Carta original manuscrita en tinta negra con anotaciones y sublineados en tinta roja.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-11-07 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
          </c>
        </c>
      </c>
      <c otherlevel="" level="otherlevel">
        <did>
          <unittitle encodinganalog="3.1.2">Otros documentos</unittitle>
          <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6</unitid>
          <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1871-2000</unitdate>
          <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel.<lb/>Selección de 17 documentos en soporte digital.    </physdesc>
        </did>
        <odd type="publicationStatus">
          <p>Publicado</p>
        </odd>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Fotografías</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1</unitid>
            <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1935-1967</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        105 fotografías. Soporte papel.<lb/>17 fotografías. Soporte papel y digital    </physdesc>
            <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
              <language langcode="spa">español</language>
            </langmaterial>
            <note type="generalNote">
              <p>En soporte papel se consideró el volumen de las fotografías que se encontraron independientes de otros tipos documentales y se conservan en carpetas ubicadas en cajas destinadas exclusivamente a fotografías. 
<lb/>El volumen en soporte digital corresponde al de las fotografías seleccionadas para comenzar la difusión en línea de unidades documentales de esta serie. </p>
            </note>
            <note type="generalNote">
              <p>Numerosas fotografías en soporte papel se encuentran junto a otros tipos documentales, distribuidas en 17 Carpetas ubicadas en 8 Cajas estándar.
<lb/>Se prevé incorporarlas gradualmente al Catálogo de fotografías en elaboración y a la difusión en línea a través del software AtoM.</p>
            </note>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_1102_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>Las imágenes son personales, familiares, de bibliotecas, de libros, de actos y eventos, de reconocidos cervantistas, religiosos y personalidades destacadas en el arte y la cultura nacional e internacional.</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>6. Otros documentos<lb/>6.1. Fotografías<lb/>6.1.1. Personales<lb/>6.1.2. Familiares<lb/>6.1.3. Cervantinas<lb/>6.1.4. Religiosas<lb/>6.1.5. Amistades / Personalidades<lb/>6.1.6. Negativos</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_1102_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <persname role="subject">Azorín</persname>
            <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            <persname role="subject">Menéndez Pidal, Ramón</persname>
            <persname role="subject">Baldomir, Alfredo</persname>
            <name role="subject">Cervantes Saavedra, Miguel de</name>
            <genreform>Fotografías</genreform>
            <subject>Cervantismo</subject>
            <subject>Don Quijote de la Mancha</subject>
            <subject>Catolicismo</subject>
            <subject>Libros</subject>
            <subject>Amistades</subject>
            <subject>Personalidades</subject>
            <subject>Bibliotecas</subject>
            <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            <geogname>Madrid (España)</geogname>
            <geogname>Rusia</geogname>
          </controlaccess>
          <phystech encodinganalog="3.4.3">
            <p>Las fotografías se encuentran en buen estado de conservación. Se han detectado muy pocas excepciones.<lb/>Se les realizó limpieza mecánica y se acondicionaron en bolsas de polipropileno, que luego se guardaron en cajas de cartón.</p>
          </phystech>
          <appraisal encodinganalog="3.3.2">
            <p>No se prevén.</p>
          </appraisal>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación</p>
          </acqinfo>
          <custodhist encodinganalog="3.2.3">
            <p>Algunas fotografías se encontraron independientes de otros tipos documentales y se guardaron en 3 carpetas destinadas exclusivamente a fotografías, en la Caja F1 Fotografías.<lb/>Las ubicadas originariamente en álbumes se conservarán también en este tipo de carpetas y cajas.<lb/>Muchas fotografías se encontraron en carpetas junto a documentos relacionados por su procedencia, tema o autor, de acuerdo al criterio del productor del archivo. Este ordenamiento original fue mantenido al guardarlas en carpetas y cajas.<lb/>En la Biblioteca Cervantina, situada también en el CEDEI, hay encuadernaciones con tapas duras en cuyas hojas están pegadas algunas fotografías que se incluyen en esta serie del Archivo Arturo Xallambrí.<lb/>Se ubicaron unos pocos negativos de fotografías.</p>
          </custodhist>
          <processinfo>
            <p>
              <date>2019-12-05 (Creación)</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
          </userestrict>
          <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
            <p>-	Inventario<lb/>-	Catálogo</p>
          </otherfindaid>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Fotografías cervantinas</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-3</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1935-1967</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        8 fotografías. Soporte papel y digital.    </physdesc>
              <note type="generalNote">
                <p>Se consideraron el volumen y las fechas extremas de las fotografías cervantinas digitalizadas y descriptas. 
<lb/>catalogadas. 
<lb/>Se prevé continuar con estas actividades y la difusión en línea de fotografías de esta subserie.</p>
              </note>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2083_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotos de cervantistas, de obras de arte, de libros, de bibliotecas, de exposiciones, de eventos relacionados con Cervantes y Don Quijote de la Mancha.</p>
            </scopecontent>
            <arrangement encodinganalog="3.3.4">
              <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.3. Cervantinas</p>
            </arrangement>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2083_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              <name role="subject">Cervantes Saavedra, Miguel de</name>
              <genreform>Fotografías</genreform>
              <subject>Cervantismo</subject>
              <subject>Don Quijote de la Mancha</subject>
              <subject>Bibliotecas</subject>
              <subject>Libros</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              <geogname>Madrid (España)</geogname>
              <geogname>Rusia</geogname>
            </controlaccess>
            <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
              <p>Donación</p>
            </acqinfo>
            <processinfo>
              <p>
                <date>2019-12-05 (Creación)</date>
              </p>
            </processinfo>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0036">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0036">
                  Caja: F1; Carpeta F1; Inventario Fotografías: Asiento Nº 1              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Biblioteca de Arturo Xalambrí</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-3-1</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1935</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/a/c/2/ac23130062c9e0a200151a690e3fd7ccbeb0c53ddbaddfee00478bd081d59589/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1123_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Imagen de la Biblioteca de Arturo E. Xalambrí, situada en Montevideo (Uruguay).</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.3. Cervantinas<lb/>6.1.3.1. Biblioteca de Arturo E. Xalambrí</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1123_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro. Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva
<lb/></p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0037">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0037">
                  F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº 1              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Exposición de ejemplares de Don Quijote de la Mancha</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-3-2</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1935</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital    </physdesc>
                <note type="generalNote">
                  <p>Imagen similar en otras tres fotografías: 6.1.3.3.; 6.1.3.4. y 6.1.3.5.</p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/3/8/4/384c78b1af8d819f33ff514bfcbe9c838b4ad3eae98ca6bad7db8263c31b3b7e/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1140_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Exposición de varios ejemplares de “Don Quijote de la Mancha” en la Biblioteca de Arturo E. Xalambrí.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.3. Cervantinas<lb/>6.1.3.2. Exposición de ejemplares de “Don Quijote de la Mancha”</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1140_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Don Quijote de la Mancha</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra </p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Día del Libro en Madrid</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-3-6</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">S.f.</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 Fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/6/c/7/6c745ecc6d222342760dc77f745b5ffdf1b6005c43a0373ec87d0f8c6a2b911e/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1786_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Celebración de Día del Libro en calle de Madrid un domingo 23 de abril, aniversario de la muerte de Cervantes. Sello y notas al dorso.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.3. Cervantinas<lb/>6.1.3.6. Día del Libro en Madrid</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1786_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <name role="subject">Cervantes Saavedra, Miguel de</name>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Celebraciones</subject>
                <subject>Libros</subject>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro. Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva
<lb/></p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0038">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0038">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario: Asiento Nº 7              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Sello postal en honor de Cervantes</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-3-7</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1966</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 Fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/4/d/b/4dbae861ac520c243e9ca48af2cfc7b9d4c96ce9cb3ac5df3b9025552f6fd606/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2110_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Sello postal en honor de Cervantes editado en Rusia en el año 1966.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.3. Cervantinas<lb/>6.1.3.7. Sello postal en honor de Cervantes</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2110_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <name role="subject">Cervantes Saavedra, Miguel de</name>
                <genreform>Filatelia</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <geogname>Rusia</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0039">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0039">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario: Asiento Nº 7              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Evento por sello postal en honor de Cervantes</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-3-8</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1967</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/3/d/6/3d6df5e5957aa31db7aac257cf677d30ceb8295db7d3bc107a264bee0482caa5/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1969_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Evento por sello postal editado en Rusia en honor de Cervantes.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.3. Cervantinas<lb/>6.1.3.8. Evento por sello postal en honor de Cervantes</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1969_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <name role="subject">Cervantes Saavedra, Miguel de</name>
                <genreform>Filatelia</genreform>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <geogname>Rusia</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0040">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0040">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario: Asiento Nº 8              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Edición uruguaya de Don Quijote de la Mancha. Portada de la Primera Parte</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-3-9</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1880</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 Fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <note type="generalNote">
                  <p>Facsímil fotográfico.</p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/d/6/7/d67822568b46070f61bdb9c763cc7ef901fac2d92eb481917d3c76b9e84e667c/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1971_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Edición uruguaya de Don Quijote de la Mancha. Portada de la Primera Parte, firmada por Arturo E. Xalambrí. Reproducción fotográfica de alta calidad.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.3. Cervantinas<lb/>6.1.3.9. Edición uruguaya de Don Quijote de la Mancha. Portada de la Primera Parte</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1971_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <name role="subject">Cervantes Saavedra, Miguel de</name>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Don Quijote de la Mancha</subject>
                <subject>Libros</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en sepia.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0041">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0041">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario: Asiento Nº 8              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Edición uruguaya de Don Quijote de la Mancha. Página de la Primera Parte</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-3-10</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1880</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 Fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/1/a/a/1aa39043538a273cba7c505e97eb489aa1b828e9e718bef2c18600a07f70ca3d/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1972_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Edición uruguaya de Don Quijote de la Mancha. Página de la Primera Parte. Reproducción fotográfica de alta calidad.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.3. Cervantinas<lb/>6.1.3.9. Edición uruguaya de Don Quijote de la Mancha. Página de la Primera Parte.</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1972_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <name role="subject">Cervantes Saavedra, Miguel de</name>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Don Quijote de la Mancha</subject>
                <subject>Libros</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0042">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0042">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario: Asiento Nº 8              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Edición uruguaya de Don Quijote de la Mancha. Portada de la Segunda Parte</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-3-11</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1880</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 Fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <note type="sourcesDescription">
                  <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
                </note>
                <note type="generalNote">
                  <p>Facsímil fotográfico.
<lb/>3 documentos similares en soporte papel: 6.1.3.12; 6.1.3.13; 6.1.3.14 </p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/6/2/d/62dee8d644ca88888662d34524b38f370beffb67d2e65927516b820b2ac38175/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2150_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Edición uruguaya de Don Quijote de la Mancha. Portada de la Segunda Parte, firmada por Arturo E. Xalambrí. Reproducción fotográfica de alta calidad.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.3. Cervantinas<lb/>6.1.3.9. Edición uruguaya de Don Quijote de la Mancha. Portada de la Segunda Parte</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2150_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <name role="subject">Cervantes Saavedra, Miguel de</name>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Don Quijote de la Mancha</subject>
                <subject>Libros</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
          </c>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Fotografías religiosas</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.4.</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1941-01-00</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
              <note type="generalNote">
                <p>Se consideró el volumen y la fecha de la fotografía religiosa digitalizada y descripta en esta subserie. 
<lb/>catalogadas. 
<lb/>Se prevé continuar con estas actividades y la difusión en línea de fotografías religiosas. </p>
              </note>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2162_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotos de religiosos, de bibliotecas, de exposiciones y de eventos vinculados con el catolicismo.</p>
            </scopecontent>
            <arrangement encodinganalog="3.3.4">
              <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.4. Religiosas</p>
            </arrangement>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2162_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <persname role="subject">Baldomir, Alfredo</persname>
              <name role="subject">Soler, Mariano</name>
              <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              <genreform>Fotografías</genreform>
              <subject>Catolicismo</subject>
              <subject>Cervantismo</subject>
              <subject>Bibliotecas</subject>
              <subject>Personalidades</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
              <p>Donación</p>
            </acqinfo>
            <processinfo>
              <p>
                <date>2019-12-05  (Creación)</date>
              </p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0043">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0043">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº 6              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Exposición de la Colección Mariano Soler</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.4.-6.1.4.1.</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1941-01-00</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/7/3/4/73479d35171ca53ed127fb9eed38edc2133e4b06f2dc703ffc7486535950c4bb/AAX-6.1.4._J001.1.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2174_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Exposición de la Colección Mariano Soler, a la que asistió el Gral. Alfredo Baldomir -Presidente de Uruguay- y en la que Arturo E. Xalambrí ofició de guía. Al pie aparecen los nombres de distinguidos asistentes.<lb/>Monseñor Dr. Mariano Soler fue el primer Arzobispo de Montevideo.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.4. Religiosas<lb/>6.1.4.1. Exposición …</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2174_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Baldomir, Alfredo</persname>
                <name role="subject">Soler, Mariano</name>
                <persname role="subject">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Catolicismo</subject>
                <subject>Cervantismo</subject>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <subject>Personalidades</subject>
                <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro, en buen estado de conservación.<lb/>Se encuentra pegada sobre cartulina algo deteriorada al dorso.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-05 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva </p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
          </c>
          <c level="subseries">
            <did>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Fotografías de personalidades y amistades</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.5.</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1953/1955</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        8 fotografías. Soporte papel y digital.    </physdesc>
              <note type="generalNote">
                <p>Se consideraron el volumen y las fechas extremas de las fotografías de personalidades y amistades de Arturo Xalambrí digitalizadas y descriptas 
<lb/>Se prevé continuar con estas actividades y la difusión en línea de fotografías de esta subserie.</p>
              </note>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_1168_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotografías de personalidades destacadas en ámbitos de la cultura nacional e internacional y amistades de Arturo Xalambrí no incluidas en las subseries de fotografías cervantinas y religiosas.</p>
            </scopecontent>
            <arrangement encodinganalog="3.3.4">
              <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.5. Personalidades y amistades</p>
            </arrangement>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_1168_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <persname role="subject">Azorín</persname>
              <name role="subject">Sanz Bermejo</name>
              <persname role="subject">Menéndez Pidal, Ramón</persname>
              <genreform>Fotografías</genreform>
              <subject>Amistades</subject>
              <subject>Personalidades</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
              <geogname>Madrid (España)</geogname>
            </controlaccess>
            <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
              <p>Donación</p>
            </acqinfo>
            <processinfo>
              <p>
                <date>2019-12-05  (Creación)</date>
              </p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0044">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0044">
                  F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº2              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Azorín en su Biblioteca</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.5.-6.1.5.1.</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1953-06-08</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <note type="generalNote">
                  <p>Autor de la fotografía: “Sanz Bermejo - Fotografías y Reportajes - D. Ramón de la Cruz, 46-Madrid” </p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/4/d/7/4d7233de7b4fe6bcd65ecd5211c1b807a9002f2728f2f00c2b72ea4e98fcba1b/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1205_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>José Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín, en su Biblioteca.<lb/>Al dorso de la fotografía, nota mecanografiada “Ilustración al reportaje, n° 422.- Azorín en su biblioteca” y sello en color rojo del autor de la fotografía.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.5. Personalidades y amistades<lb/>6.1.5.1. Azorín en su Biblioteca</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1205_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Azorín</persname>
                <name role="subject">Sanz Bermejo</name>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Bibliotecas</subject>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva </p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>- Inventario<lb/>- Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0045">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0045">
                  F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº2              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Los 80 años de Azorín</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.5.-6.1.5.2.</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1953-06-08</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>Autor de la fotografía: “Sanz Bermejo - Fotografías y Reportajes - D. Ramón de la Cruz, 46-Madrid” </p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/f/a/2/fa299afec896daed916de915831b3b5ddb838ea336653586c7b6c9614d879104/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1224_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Al dorso de la fotografía se encuentra pegada la siguiente nota mecanografiada: “Madrid 8-6-53. LOS OCHENTA AÑOS DE AZORÍN. José Martínez Ruiz el ilustre escritor español que ha hecho famoso el seudónimo de 'Azorín' en España y en el extranjero ha cumplido sus 80 años de edad, 'Azorín' que llega a estos años con su privilegiado cerebro en plena normalidad, pasó esta fecha trabajando como otro día cualquiera y recibiendo numerosas visitas que acudieron a felicitarle. En la fotografía aparece con el Director de la Biblioteca señor Morales Oliver."</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.5. Personalidades y amistades<lb/>6.1.5.2. Los 80 años de Azorín</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1224_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Azorín</persname>
                <name role="subject">Sanz Bermejo</name>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Celebraciones</subject>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <originalsloc encodinganalog="3.5.1">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </originalsloc>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>- Inventario<lb/>- Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0046">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0046">
                  F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº2              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Azorín ante su mesa de trabajo</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.5.-6.1.5.3.</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1953-06-08</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                  <language langcode="spa">español</language>
                </langmaterial>
                <note type="generalNote">
                  <p>Autor de la fotografía: “Sanz Bermejo - Fotografías y Reportajes - D. Ramón de la Cruz, 46-Madrid” </p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/7/9/3/7933ce5d8636cfc9c3e1e70205fb46055d152401e44186fbed8921ff9607c81e/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1232_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Al dorso de la fotografía, nota mecanografiada “Ilustración al reportaje, n° 422.- Azorín ante su mesa de trabajo con la máquina de escribir en la que escribe directamente todos sus originales” y sello en color rojo del autor de la fotografía.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.5. Personalidades y amistades<lb/>6.1.5.3. Azorín ante su mesa de trabajo</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1232_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Azorín</persname>
                <name role="subject">Sanz Bermejo</name>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-03 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva 
<lb/></p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>- Inventario<lb/>- Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0047">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0047">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº 2              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Azorín leyendo</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.5.-6.1.5.4</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1953-06-08</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <note type="generalNote">
                  <p>Autor de la fotografía: “Sanz Bermejo - Fotografías y Reportajes - D. Ramón de la Cruz, 46-Madrid” </p>
                </note>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/3/5/5/3552f7dfca00a6cba5493aa69dcd32b512d0f093e6671197c5ee343bc352ea46/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_1257_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Azorín sentado en una sala, solo y leyendo.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.5. Personalidades y amistades<lb/>6.1.5.4. Azorín leyendo</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_1257_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Azorín</persname>
                <name role="subject">Sanz Bermejo</name>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-10 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva </p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0048">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0048">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº 2              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Homenaje a Azorín en sus 80 años</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.5.-6.1.5.5.</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1953-00-00</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/3/f/8/3f891d2b4326f091c93bc8eaf2e25dca13edf2f6c5fec280b0635729138ec307/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2202_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.5. Personalidades y amistades<lb/>6.1.5.5. Homenaje a Azorín en sus 80 años</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2202_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Azorín</persname>
                <name role="subject">Sanz Bermejo</name>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-10 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0049">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0049">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº 2              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Azorín en puesto de ventas</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.5.-6.1.5.6.</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1953-00-00</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/b/9/c/b9c403210f6a740382d69a777eea44bd2ad4718c726ca54619fcc95b32599e9d/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2209_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Azorín en puesto de ventas en calle de Madrid.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2209_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Azorín</persname>
                <name role="subject">Sanz Bermejo</name>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <appraisal encodinganalog="3.3.2">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.5. Personalidades y amistades<lb/>6.1.5.6. Azorín en puesto de ventas</p>
              </appraisal>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-10 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0050">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0050">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº 3              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Condecoración a Menéndez Pidal en Embajada de Cuba</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.5.-6.1.5.7.</unitid>
                <unitdate encodinganalog="3.1.3">S/F</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/2/1/6/2163575e1af33121306deba29aefbe848e32143eaf77162d89398fefe27f958e/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2216_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Condecoración a Menéndez Pidal en Embajada de Cuba.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.5. Personalidades y amistades<lb/>6.1.5.7. Condecoración a Menéndez Pidal en Embajada de Cuba</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2216_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Menéndez Pidal, Ramón</persname>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Celebraciones</subject>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-10 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva </p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
            <c level="item">
              <did>
                <physloc id="physloc0051">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
                <container type="caja" parent="physloc0051">
                  Caja F1; Carpeta F1;  Inventario Fotografías: Asiento Nº 4              </container>
                <unittitle encodinganalog="3.1.2">Condecoración a Menéndez Pidal en Embajada de Colombia</unittitle>
                <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-6-1-6.1.5.-6.1.5.8.</unitid>
                <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1955-11-05</unitdate>
                <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía. Soporte papel y digital.    </physdesc>
                <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/4/9/6/496f2e6a22515a06841d7d64f60a95921c009b7de589791d9dbc46c15b106bb6/AAX-6_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
                <origination encodinganalog="3.2.1">
                  <persname id="atom_2224_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
                </origination>
              </did>
              <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
                <note>
                  <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
                </note>
              </bioghist>
              <odd type="publicationStatus">
                <p>Publicado</p>
              </odd>
              <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
                <p>Condecoración a Ramón Menéndez Pidal en Embajada de Colombia, en Madrid.</p>
              </scopecontent>
              <arrangement encodinganalog="3.3.4">
                <p>6.1. Fotografías<lb/>6.1.5. Personalidades y amistades<lb/>6.1.5.8. Condecoración a Menéndez Pidal en Embajada de Colombia</p>
              </arrangement>
              <controlaccess>
                <persname role="Creador" id="atom_2224_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
                <persname role="subject">Menéndez Pidal, Ramón</persname>
                <genreform>Fotografías</genreform>
                <subject>Celebraciones</subject>
                <geogname>Madrid (España)</geogname>
              </controlaccess>
              <phystech encodinganalog="3.4.3">
                <p>Fotografía en blanco y negro.<lb/>Buen estado de conservación.</p>
              </phystech>
              <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
                <p>Donación</p>
              </acqinfo>
              <processinfo>
                <p>
                  <date>2019-12-10 (Creación)</date>
                </p>
              </processinfo>
              <processinfo>
                <p>Descripción archivística: Arch. Berta Igoa
<lb/>Registros de Autoridad: Lic. Natalia Olascoaga
<lb/>Digitalización de documentos: Sofía Terra; Víctor Da Silva</p>
              </processinfo>
              <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
                <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
              </accessrestrict>
              <userestrict encodinganalog="3.4.2">
                <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
              </userestrict>
              <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
                <p>Inventario<lb/>Catálogo</p>
              </otherfindaid>
            </c>
          </c>
        </c>
      </c>
      <c otherlevel="" level="otherlevel">
        <did>
          <unittitle encodinganalog="3.1.2">Juan Zorrilla de San Martín</unittitle>
          <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7</unitid>
          <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1904-1975</unitdate>
          <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        Soporte papel.<lb/>1 caja, 6 carpetas.    </physdesc>
          <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
            <language langcode="spa">español</language>
            <language langcode="eng">inglés</language>
            <language langcode="pol">polaco</language>
          </langmaterial>
          <origination encodinganalog="3.2.1">
            <persname id="atom_2876_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
          </origination>
        </did>
        <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
          <note>
            <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
          </note>
        </bioghist>
        <odd type="publicationStatus">
          <p>Publicado</p>
        </odd>
        <arrangement encodinganalog="3.3.4">
          <p>7. JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN<lb/>    7.1. Fotografías<lb/>    7.2. Prensa<lb/>    7.3. Material de difusión<lb/>    7.4. Material bibliográfico<lb/>    7.5. Tarjetas / Postales<lb/>    7.6. Correspondencia<lb/>    7.7. Miscelánea<lb/>    7.8. Programas de eventos<lb/>    7.9. Ex libris</p>
        </arrangement>
        <controlaccess>
          <persname role="Creador" id="atom_2876_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
          <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
          <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
        </controlaccess>
        <appraisal encodinganalog="3.3.2">
          <p>No se prevén.</p>
        </appraisal>
        <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
          <p>Donación.</p>
        </acqinfo>
        <processinfo>
          <p>
            <date>Creación: 2022-09-22</date>
          </p>
        </processinfo>
        <processinfo>
          <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
        </processinfo>
        <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
          <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
        </accessrestrict>
        <userestrict encodinganalog="3.4.2">
          <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
        </userestrict>
        <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
          <p>Inventario.</p>
        </otherfindaid>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Fotografías</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1</unitid>
            <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1904-1975</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        16 fotografías. Soporte papel.    </physdesc>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_2880_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>Fotografías de Juan Zorrilla de San Martín, del Obispo Mons. Jacinto Vera y del Obispo Mons. Inocencio María Yéregui. También incluye una fotografía de la colección de libros de las obras completas de Juan Zorrilla de San Martín pertenecientes a la colección de Arturo Xalambrí.<lb/>4 fotografías de algunos momentos de la teatralización de la obra "Tabaré" adaptada por Luis Xalambrí en el Colegio Sagrada Familia (fecha: 16-12-1954) y 7 fotografías tomadas durante el rodaje de la película mexicana "Tabaré", dirigida por Luis Lezama (1946).</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>7. JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN<lb/>7.1. Fotografías</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_2880_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <name role="subject">Vera, Jacinto</name>
            <name role="subject">Yéregui, Inocencio María</name>
            <subject>Tabaré (poema)</subject>
            <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
          </controlaccess>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación</p>
          </acqinfo>
          <processinfo>
            <p>
              <date>Creación: 2022-09-22</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
          </userestrict>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0052">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0052">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Teatralización de "Tabaré"</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.5.1</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1954-12-16</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía.<lb/>Soporte papel. 14 x 9 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/3/f/a/3fa65429e1514f408efe8b50d3313d2bd991b504d32198fc204773d587f56deb/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2928_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Teatralización de la obra "Tabaré" adaptada por Luis Xalambrí. Obra realizada en el "Gran festival de alumnos y exalumnos" del Colegio Sagrada Familia el 16 de diciembre de 1954.<lb/>En el anverso de la fotografía figura el nombre: Marta Balmelli (narradora).</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2928_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Teatro</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-22</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0053">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0053">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Teatralización de "Tabaré"</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.5.2</unitid>
              <unitdate normal="1954-12-16/1954-12-16" encodinganalog="3.1.3">1954-12-16</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía.<lb/>Soporte papel. 14 x 9 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/8/b/8/8b80f53e8a88716b41160c5b0f94887d48f4fcdb0b9e0d315bc91b2d5f54c138/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2938_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Teatralización de la obra "Tabaré" adaptada por Luis Xalambrí. Obra realizada en el "Gran festival de alumnos y exalumnos" del Colegio Sagrada Familia el 16 de diciembre de 1954.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2938_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Teatro</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-22</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0054">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0054">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Teatralización de "Tabaré"</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.5.3</unitid>
              <unitdate normal="1954-12-16/1954-12-16" encodinganalog="3.1.3">1954-12-16</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía.<lb/>Soporte papel. 14 x 9 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/0/b/c/0bccdf0c2296c195d646943db2705b0be532ac97e1ce3e7b3b6c25d1c7ed86b1/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2947_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Teatralización de la obra "Tabaré" adaptada por Luis Xalambrí. Obra realizada en el "Gran festival de alumnos y exalumnos" del Colegio Sagrada Familia el 16 de diciembre de 1954.<lb/>En el anverso de la fotografía figura el nombre: Daniel Miraldi (Tabaré).</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2947_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Teatro</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-22</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0055">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0055">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Teatralización de "Tabaré"</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.5.4</unitid>
              <unitdate normal="1954-12-16/1954-12-16" encodinganalog="3.1.3">1954-12-16</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía.<lb/>Soporte papel. 14 x 9 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/2/c/3/2c32ee00872a975fd7dce1b04b293fa5ed76e469c401344fb558ab8a53741480/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2956_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Teatralización de la obra "Tabaré" adaptada por Luis Xalambrí. Obra realizada en el "Gran festival de alumnos y exalumnos" del Colegio Sagrada Familia el 16 de diciembre de 1954.<lb/>En el anverso de la fotografía figura el nombre: Daniel Mirandi (Tabaré) y Julia Marta Puglia (Magdalena).</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2956_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Teatro</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-22</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0056">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0056">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Momento de la película "Tabaré" filmada en México. Director: Luis Lezama</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.9.1</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1946</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía, color: sepia.<lb/>Soporte papel. 16 x 15,5 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/0/8/b/08b77ec34e6d1b500d87d9563bec54e336d2d5ba32629443fc49164db9c566b7/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2972_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotografía de momento de la película "Tabaré" filmada en México en 1946. Director: Luis Lezama</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2972_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Cine</subject>
              <geogname>México</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0057">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0057">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Momento de la película "Tabaré" filmada en México. Director: Luis Lezama</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.9.2</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1946</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía, color: sepia.<lb/>Soporte papel. 16 x 15,5 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/6/2/5/625f0d1f647f01360fc5444039001581dfd98f626dd3bcb631ce51cddb92e2dc/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2982_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotografía de momento de la película "Tabaré" filmada en México en 1946. Director: Luis Lezama</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2982_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Cine</subject>
              <geogname>México</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0058">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0058">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Momento de la película "Tabaré" filmada en México. Director: Luis Lezama</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.9.3</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1946</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía, color: sepia.<lb/>Soporte papel. 16 x 15,5 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/b/5/3/b530029fb1486a281452c1afcc423928b12f12e1840aa69f10824de43f9cde99/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_2992_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotografía de momento de la película "Tabaré" filmada en México en 1946. Director: Luis Lezama.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_2992_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Cine</subject>
              <geogname>México</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23.</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0059">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0059">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Momento de la película "Tabaré" filmada en México. Director: Luis Lezama</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.9.4</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1946</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía, color: sepia.<lb/>Soporte papel. 16 x 15,5 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/1/6/6/166525e96ceed0a3639efee7e971cd0c538868c31d08a657333fb31dade5aa37/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3002_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotografía de momento de la película "Tabaré" filmada en México en 1946. Director: Luis Lezama</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3002_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Cine</subject>
              <geogname>México</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23.</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0060">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0060">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Momentos de la película "Tabaré" filmada en México. Director: Luis Lezama</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.9.5</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1946</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía, color: sepia.<lb/>Soporte papel. 16 x 15,5 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/e/a/1/ea15351a2bf1cd8003586e45d5ed99552af045d7946d924d14ac43842c649b9a/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3012_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotografía de momento de la película "Tabaré" filmada en México en 1946. Director: Luis Lezama.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3012_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Cine</subject>
              <geogname>México</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0061">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0061">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Momento de la película "Tabaré" filmada en México. Director: Luis Lezama</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.9.6</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1946</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía, color: sepia.<lb/>Soporte papel. 16 x 15,5 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/5/8/8/58864d531f0777878561a6f204fd6e46f8303e0b29212b3c0fda07e7fa9a9972/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3032_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotografía de momento de la película "Tabaré" filmada en México en 1946. Director: Luis Lezama</p>
            </scopecontent>
            <arrangement encodinganalog="3.3.4">
              <p>Inventario.</p>
            </arrangement>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3032_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Cine</subject>
              <geogname>México</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <physloc id="physloc0062">Archivo Arturo E. Xalambrí</physloc>
              <container type="caja" parent="physloc0062">
                  Z1, Carpeta Z3              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Momento de la película "Tabaré" filmada en México. Director: Luis Lezama</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CZ3.9.7</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1946</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía, color: sepia.<lb/>Soporte papel. 16 x 15,5 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/2/e/b/2ebec78aad002d3942a1a961b2c1ccd7a3fc9a0f56f6ea0b5c3dc2ed755fed46/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3043_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Fotografía de momento de la película "Tabaré" filmada en México en 1946. Director: Luis Lezama.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3043_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Cine</subject>
              <geogname>México</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z2              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Juan Zorrilla de San Martín</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-1-CAZ1.CA2.7</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">S. f.</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 fotografía.<lb/>Soporte papel.  9x 11,5 cm.    </physdesc>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/9/2/3/923695ec6c2bbe6e3032e63e0419609d99b8e933a511ee5fa8db89894b8988fe/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3095_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>1 fotografía de Juan Zorrilla de San Martín</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3095_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Fotografía</subject>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario</p>
            </otherfindaid>
          </c>
        </c>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Material de difusión</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-3</unitid>
            <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1920-1957</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        11 documentos.<lb/>Soporte papel.    </physdesc>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_3183_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>Material de difusión: dípticos, volantes, folletos sobre Juan Zorrilla de San Martín.</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>7. JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN<lb/>7.3. Material de difusión</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_3183_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
          </controlaccess>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación</p>
          </acqinfo>
          <processinfo>
            <p>
              <date>Creación: 2022-09-26</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
          </userestrict>
          <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
            <p>Inventario.</p>
          </otherfindaid>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z2              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Zorrilliario</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-3-CAZ1.CZ2.56</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">19--?</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 volante.<lb/>Soporte papel.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/3/c/9/3c98e0190738e46926b049c014a9acfb4455b5ab3a44943c634a2135207618ae/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3187_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>1 volante con foto dedicada a Arturo Xalambrí por Juan Zorrilla de San Martín en el año 1920.<lb/>En el anverso figura el texto "Zorrilliario", escrito por Arturo Xalambrí.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3187_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-26</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
        </c>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Tarjetas / Postales</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-5</unitid>
            <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1904-1964</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        73 tarjetas y postales.<lb/>Soporte papel.    </physdesc>
            <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
              <language langcode="spa">español</language>
              <language langcode="pol">polaco</language>
            </langmaterial>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_2924_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>Tarjetas de agradecimiento por el envío por parte de Arturo Xalambrí de su publicación "Bibliografía fragmentaria y sintética" de Juan Zorrilla de San Martín.<lb/>Postales en homenaje a Juan Zorrilla de San Martín.</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>7. JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN<lb/>7.5.	Tarjetas / Postales</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_2924_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <name role="subject">Zorrilla de San Martín, Juan</name>
            <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
            <subject>Libros</subject>
          </controlaccess>
          <appraisal encodinganalog="3.3.2">
            <p>No se prevén.</p>
          </appraisal>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación.</p>
          </acqinfo>
          <processinfo>
            <p>
              <date>2022-09-22</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI</p>
          </userestrict>
          <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
            <p>Inventario.</p>
          </otherfindaid>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z2              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Postal de la Librería Vázquez Cores con fotografía teatralizada de "Tabaré"  de Juan Zorrilla de San Martín</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-5-CAZ1.CZ2.18.1</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1904</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 postal.<lb/>Soporte papel. 9,5 x 15 cm.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/7/8/2/7821745d0ee996b9923404f2b6a1477030b77a698387fe46517b5a61b9ba937a/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3108_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Es postal forma parte de una innovadora publicación en 1904 de una serie de veinte fotografías teatralizadas y en formato postal, tomadas por el estudio Odin de Montevideo. La serie se titula: Tabaré y está basada en la obra homónima de Juan Zorrilla de San<lb/>Martín.<lb/>La postal es el número 6 dentro de la serie.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3108_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Postales</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-26</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
            <bibliography encodinganalog="3.5.4">
              <p>Luna Sellés, C. (2018). Semblanza de Librería Vázquez Cores (Montevideo, 1885-1930). Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc0931471</p>
            </bibliography>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z2              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Postal de la Librería Vázquez Cores con fotografía teatralizada de "Tabaré" de Juan Zorrilla de San Martín</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-5-CAZ1.CZ2.18.2</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1904</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 postal.<lb/>Soporte papel. 9,5 x 15 cm.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/f/4/9/f4928b08b0a085b1d2d26e9776728d47cf2d9ebd8ba0d412505358d308c34a1d/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3123_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Es postal forma parte de una innovadora publicación en 1904 de una serie de veinte fotografías teatralizadas y en formato postal, tomadas por el estudio Odin de Montevideo. La serie se titula: Tabaré y está basada en la obra homónima de Juan Zorrilla de San<lb/>Martín.<lb/>La postal es el número 7 dentro de la serie.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3123_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Postales</subject>
              <subject>Librerías</subject>
              <subject>Librería Vázquez Cores</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-26</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z2              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Postal de la Librería Vázquez Cores con fotografía teatralizada de "Tabaré" de Juan Zorrilla de San Martín</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-5-CAZ1.CZ2.18.3</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1904</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 postal.<lb/>Soporte papel. 9,5 x 15 cm.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/4/1/e/41ea81611fbf96f17395508dfd560629a98a05d11dcb1747c10a7d8b8c94a158/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3136_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Es postal forma parte de una innovadora publicación en 1904 de una serie de veinte fotografías teatralizadas y en formato postal, tomadas por el estudio Odin de Montevideo. La serie se titula: Tabaré y está basada en la obra homónima de Juan Zorrilla de San<lb/>Martín.<lb/>La postal es el número 8 dentro de la serie.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3136_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Librerías</subject>
              <subject>Librería Vázquez Cores</subject>
              <subject>Postales</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-26</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z2              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Postal de la Librería Vázquez Cores con fotografía teatralizada de "Tabaré" de Juan Zorrilla de San Martín</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-5-CAZ1.CZ2.18.4</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1904</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 postal.<lb/>Soporte papel. 9,5 x 15 cm.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/f/a/8/fa86a01da9a3881f915cf3b5df07ca3518a40db4bf3173d9f4863f9bd089a697/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3148_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Es postal forma parte de una innovadora publicación en 1904 de una serie de veinte fotografías teatralizadas y en formato postal, tomadas por el estudio Odin de Montevideo. La serie se titula: Tabaré y está basada en la obra homónima de Juan Zorrilla de San<lb/>Martín.<lb/>La postal es el número 10 dentro de la serie.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3148_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Librerías</subject>
              <subject>Librería Vázquez Cores</subject>
              <subject>Postales</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-26</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z2              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Postal de la Librería Vázquez Cores con fotografía teatralizada de "Tabaré" de Juan Zorrilla de San Martín</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-5-CAZ1.CZ2.18.5</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1904</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 postal.<lb/>Soporte papel. 9,5 x 15 cm.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/c/0/6/c061ba8a537a262a0e01733c7de74ea1deef22fccc27801def18432c5fc4b575/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3160_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Es postal forma parte de una innovadora publicación en 1904 de una serie de veinte fotografías teatralizadas y en formato postal, tomadas por el estudio Odin de Montevideo. La serie se titula: Tabaré y está basada en la obra homónima de Juan Zorrilla de San<lb/>Martín.<lb/>La postal es el número 15 dentro de la serie.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3160_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Librería Vázquez Cores</subject>
              <subject>Librerías</subject>
              <subject>Postales</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-26</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z2              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Postal de la Librería Vázquez Cores con fotografía teatralizada de "Tabaré" de Juan Zorrilla de San Martín</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-5-CAZ1.CZ2.18.6</unitid>
              <unitdate normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1904</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 postal.<lb/>Soporte papel. 9,5 x 15 cm.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/0/2/9/0299c142414af959aa9f1041cad883cfa5667eb19d57883cb76a12ea332cdf20/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3172_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Es postal forma parte de una innovadora publicación en 1904 de una serie de veinte fotografías teatralizadas y en formato postal, tomadas por el estudio Odin de Montevideo. La serie se titula: Tabaré y está basada en la obra homónima de Juan Zorrilla de San<lb/>Martín.<lb/>La postal es el número 17 dentro de la serie</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3172_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Librería Vázquez Cores</subject>
              <subject>Librerías</subject>
              <subject>Tabaré (poema)</subject>
              <subject>Postales</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-26</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
        </c>
        <c level="series">
          <did>
            <unittitle encodinganalog="3.1.2">Correspondencia</unittitle>
            <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-6</unitid>
            <unitdate datechar="acumulación" normal="0/0" encodinganalog="3.1.3">1954-1960</unitdate>
            <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        76 cartas, notas y telegramas.<lb/>Soporte papel.    </physdesc>
            <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
              <language langcode="spa">español</language>
              <language langcode="eng">inglés</language>
            </langmaterial>
            <origination encodinganalog="3.2.1">
              <persname id="atom_2917_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
            </origination>
          </did>
          <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
            <note>
              <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
            </note>
          </bioghist>
          <odd type="publicationStatus">
            <p>Publicado</p>
          </odd>
          <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
            <p>El contenido de la mayoría de los documentos de esta serie, refiere al agradecimiento, felicitaciones, acuse de recibo y comentarios sobre el envío de la "Bibliografía fragmentaria y sintética" de Juan Zorrilla de San Martín publicada por Arturo E. Xalambrí en el año 1955.</p>
          </scopecontent>
          <arrangement encodinganalog="3.3.4">
            <p>7. JUAN ZORRILLA DE SAN MARTÍN<lb/>7.6.	Correspondencia</p>
          </arrangement>
          <controlaccess>
            <persname role="Creador" id="atom_2917_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
            <name role="subject">Ibarbourou, Juana de</name>
            <name role="subject">Borges, Jorge Luis</name>
            <name role="subject">Hno. Damasceno</name>
            <subject>Libros</subject>
            <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
            <subject>Bibliotecas</subject>
          </controlaccess>
          <appraisal encodinganalog="3.3.2">
            <p>No se prevén.</p>
          </appraisal>
          <acqinfo encodinganalog="3.2.4">
            <p>Donación</p>
          </acqinfo>
          <processinfo>
            <p>
              <date>2022-09-22</date>
            </p>
          </processinfo>
          <processinfo>
            <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
          </processinfo>
          <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
            <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
          </accessrestrict>
          <userestrict encodinganalog="3.4.2">
            <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derechos de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
          </userestrict>
          <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
            <p>Inventario.</p>
          </otherfindaid>
          <bibliography encodinganalog="3.5.4">
            <p>Xalambrí, Arturo E. (1955). Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín. Montevideo: Tribuna Católica. https://opac.um.edu.uy/index.php?lvl=notice_display&amp;id=11346</p>
          </bibliography>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z1              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Nota del Hno. Damasceno para Arturo E. Xalambrí</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-6-CAZ1.CZ1.92</unitid>
              <unitdate normal="1956-06-08/1956-06-08" encodinganalog="3.1.3">1956-06-08</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 nota mecanografiada.<lb/>Soporte papel.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/d/d/a/dda582ec633300bb68a090d3374d72b7eac8061a6df08d977f18916cde3a108c/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3059_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Nota de agradecimiento del Hno. Damasceno a Arturo Xalambrí por el envío del libro "Bibliografía fragmentaria y sintética" de Juan Zorrilla de San Martín publicado en 1955.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3059_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <name role="subject">Hno. Damasceno</name>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Libros</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z1              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Nota de Jorge Luis Borges para Arturo E. Xalambrí</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-6-CAZ1.CZ1.101</unitid>
              <unitdate normal="1956-06-19/1956-06-19" encodinganalog="3.1.3">1956-06-19</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 nota mecanografiada.<lb/>Soporte papel.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/b/e/5/be5bc4eee93ff8301c6c33d9d0397ba52da7fdfd2adb2c3978e18b5b6aa69734/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3071_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Nota de agradecimiento del director de la Biblioteca Nacional de Argentina, Jorge Luis Borges, por el envío del libro "Bibliografía fragmentaria y sintética" de Juan Zorrilla de San Martín publicado en 1955 para los fondos de la mencionada institución.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3071_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <name role="subject">Borges, Jorge Luis</name>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Libros</subject>
              <geogname>Buenos Aries (Argentina)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Inventario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
          <c level="item">
            <did>
              <container type="caja">
                  Z1, Carpeta Z1              </container>
              <unittitle encodinganalog="3.1.2">Carta de Juana de Ibarbourou para Arturo E. Xalambrí</unittitle>
              <unitid encodinganalog="3.1.1" countrycode="UY" repositorycode="UM-CEDEI">AAX-7-6-CAZ1.CZ1.94</unitid>
              <unitdate normal="1956-05-01/1956-05-01" encodinganalog="3.1.3">19560501</unitdate>
              <physdesc encodinganalog="3.1.5">
        1 carta manuscrita.<lb/>Soporte papel.    </physdesc>
              <langmaterial encodinganalog="3.4.3">
                <language langcode="spa">español</language>
              </langmaterial>
              <dao linktype="simple" href="https://archivoscedei.um.edu.uy/uploads/r/cedei-centro-de-documentacion-y-estudios-de-iberoamerica-universidad-de-montevideo/c/f/c/cfc0e86f21804da6da790c56a20a366faa15c229acabc33e47a575c044dd06e7/AAX_141.jpg" role="reference" actuate="onrequest" show="embed"/>
              <origination encodinganalog="3.2.1">
                <persname id="atom_3082_actor">Xalambrí, Arturo E.</persname>
              </origination>
            </did>
            <bioghist id="md5-b55c2eb2aa9f7c3a9b34b513189ee24d" encodinganalog="3.2.2">
              <note>
                <p>Semblanza de Arturo E. Xalambrí por Ángel Ayestarán<lb/>De cómo Don Arturo se forjó en su hogar y en la Fe<lb/><lb/>En un lugar de Menorca, una de la islas Baleares bañadas por el antiguo Mediterráneo, vio por primera vez la luz Antonio Xalambrí Píriz.  De niño dejaron profunda huella en su sensibilidad, las procesiones del Viernes Santo, con el desfile de la Congregación de Centuriones, en que el silencioso Paso del Santo Entierro era quebrado por el desgarrador canto del “Geu”.<lb/>También en su isla natal el joven Antonio aprendió el oficio de zapatero, profesión que había alcanzado un alto nivel en Menorca. Ya con un medio para ganarse la vida y con la aspiración de obtener un mejor porvenir, unido al espíritu de aventura que nunca ha abandonado a los españoles, Antonio partió rumbo a América.<lb/>Montevideo fue el punto de destino de Xalambrí. En la capital uruguaya, encontró en aquel siglo XIX el medio ideal para que con una fuerte disciplina de trabajo e imaginación, conquistará pronto una desahogada posición económica. Unos años más tarde ya era el propietario de la mejor y más elegante zapatería del país.  Todos conocían la “Xalambrí”, ubicada en la calle 25 de Mayo entre Zabala y Solís. Llegó a ser la zapatería presidencial. Allí fueron clientes el dictador Lorenzo Latorre, que gustaba de los botines de charol con elástico, tacos a la francesa y que calzaba 43.  El Capitán General Máximo Santos, el más fastuoso de nuestros primeros mandatarios, tenía iguales gusto que su antecesor, sólo que calzaba un número menos. Sin embargo para Xalambrí el cliente más exigente fue Juan Idiarte Borda, el único presidente asesinado durante su mandato. Pero el más detallista era Juan Lindolfo Cuestas quien siempre usaba botines de charol a la madrileña, con taco a la francesa y número 39, exigía “calzado liviano como una pluma, rezongando terriblemente cada vez que notaba la más pequeña de las incomodidades”. De José Batlle y Ordóñez nos ha quedado una jugosa crónica: “El actual presidente también tiene a Xalambrí por proveedor. No es muy exigente en cuanto a clases y forma de calzado. Quiere únicamente botines cómodos y desprecia por consiguiente los tacos a la francesa. Lleva botín a la inglesa, unas veces de cuero de búfalo y otras de charol, pero en uno y otro caso siempre con botones. Su elevada talla haría suponer a cualquiera que posee un pie monumental…. Y efectivamente es así: calza 45”. No llegó a calzar a Julio Herrera y Obes, ya que este presidente dandy importaba su vestuario directamente de Londres y sus botines eran hechos a medida por los mismos zapateros de la Familia Real.<lb/>Asimismo, en Montevideo fundó Antonio Xalambrí su hogar con una compatriota. Fue su elegida Juana Salom Sansó, natural de Barcelona. Familia numerosa, once hijos, ocho varones y tres mujeres. Uno de los niños, nacido el 7 de mayo de 1888, fue bautizado con los nombres de Arturo Estanislao. Alumno de los Padres Jesuitas en le Colegio del Sagrado Corazón, Ex – Seminario, obtuvo las más altas calificaciones. Tanto en su hogar como en el colegio nació su devoción hacia la Madre de Dios. Perteneció a la Congregación de la Inmaculada Concepción y de San Estanislao de Kostka, fue devoto del Fundador de la Compañía de Jesús y de Santa Teresa de Jesús. Andando el tiempo, ya en la madurez acrecentó su admiración por San Francisco de Asís y así llegó a vestir el hábito de terciario franciscano como Cervantes.<lb/>Ya cercano a la ancianidad meditaba Xalambrí sobre su experiencia como congregante: “He aprendido en esta Congregación a retemplar mi alma en el comulgatorio. ¡Frecuentar el Sagrario es caldear santas ambiciones! Y al frecuentarlo ha nacido el apostolado que no se satisface con la sola conquista de la propia alma –egoísmo disfrazado de perfección-, sino que busca, anhela, clama por otras almas que ganar para Dios, y que repite con Lacordaire: ‘no digas: quiero salvarme; dí: quiero que el mundo se salve. Este es el único horizonte del cristianismo, porque es el horizonte de la caridad’. Y esta santa ambición, por manera singular, la concreté, sin desatender otras diferentes, en el Apostolado de la salvación de las almas por el Buen Libro… ¡El corazón en el Sagrario y el cerebro en la Biblioteca!”. De esta manera resumía don Arturo toda su vida.<lb/>Don Arturo fue un ejemplar funcionario del Banco de la República, se desempeñó, además, en la administración del diario “El Bien Público” y ocupó la gerencia del “Círculo Católico de Obreros”. Contrajo matrimonio con dona Eufemia Laguardia con la cual procreó dos hijas: Wilborada y Cecilia Teresa. Huérfanas de madre en la más tierna edad, don Arturo contrajo segundas nupcias con doña Cira Bildosteguy, quien se convirtió en la segunda madre de sus hijas. La primera de éstas debió su nombre a la Santa Patrona de los Bibliófilos; dedicada a las Letras, realizó una destacada carrera y se estableció en París, donde revalidó sus estudios en La Sorbonne, allí pasó a residir con su marido e hijos. Cecilia Teresa profesó como religiosa bajo el nombre de Teresa de la Pasión. Realizó sus votos en Durango, la villa natal de Bruno Mauricio de Zabala, a quien el rey Don Felipe V ordenara la fundación de Montevideo.<lb/><lb/>De cómo Don Arturo fue armado caballero cervantino<lb/><lb/>No había llegado aún a su primera década, cuando comienza a nacer en Xalambrí su pasión por El Quijote. Cada lunes su madre recibía por entregas los cuadernos de Seguí. Hacia 1897 se publicó El Quijote con ilustraciones de Pahissa. Llegar a las manos de Arturo y devorarlos fue cosa de un instante. Su imaginación de niño se ve colmada por las aventuras del hidalgo castellano y así comienzan a nacer sus primeros ideales: “Yo me he apasionado por Don Quijote porque le miro como símbolo del ideal cristiano: zamarreado por todos los galeotes que en el mundo han sido, mofado por todas las maritones, silbado o desconocido por todos los pretendidos caballeros que se andan por este mundo más del diablo que de Dios… pero que se sostiene siempre incólume en su ideal y nunca desfallece; antes bien, como un Anteo, cobra alientos y se rehace fortalecido con la contrariedad terrena, ese ha sido sostén de mis luchas personales y en el Apostolado del Buen Libro que es el ideal máximo al que propende mi vida”.<lb/>Fructificó vigorosa la pasión y el estudio por la obra de Cervantes en aquel adolescente que de tanto leer El Quijote, decidió salir un día en busca de las más diversas ediciones, y  desfacer entuertos a través de lo que dio en llamar con el sonoro y peregrino nombre de El Apostolado del Buen Libro.<lb/>Con menguados medios económicos y a gran distancia de los mercados mundiales del libro, fue formando con notable paciencia y sagacidad una respetabilísima biblioteca cervantina en la austral y lejana Montevideo. En sus anaqueles se podían apreciar más de quinientas ediciones de El Quijote. Entre ellas la edición de Velpius de Bruselas de 1611 –publicada en vida de Cervantes-, la de Amberes de 1738, la de la Real Academia Española de 1780, la de John Bowle de Londres de 1781 –primer comentador de El Quijote-, la de Clemencín de Madrid de 1833. Las ediciones ilustradas por Cpypel, Vanderbank, Carnicero, Ximeno, Estebanillo, Morags, Madrazzo, Johannot, Doré, Balaca, Pellecicer, Pahissa, Jiménez Aranda, Moreno Carbonero, Degrain, Sorolla, Mestres, Serizawa, Vázquez, Ribas, Mahn. Asimismo, hallamos las ediciones traducidas a más de treinta idiomas. No sólo El Quijote, sino toda la obra de Cervantes haya cabida en la colección de Xalambrí. Unos seiscientos volúmenes sobre biografías, crítica, con títulos tales que hacen apreciar la universalidad del Manco de Lepanto: “Cervantes teólogo”, “Cervantes marino”, “Cervantes en ciencias médicas”, “Cervantes viajero”, “Primores del Quijote en el concepto médico-psicológico”, “Tipología del Quijote”, “Cervantes y el Evangelio”, “Historia clínica de Cervantes”, “Animales y plantas en El Quijote”, “Filosofía del Derecho en el Quijote”, “Cervantes y el Derecho de Gentes”, “La criminología  del Quijote”, “Cervantes administrador militar”. Completan esta colección aproximadamente tres mil recortes de artículos y una nutridísima correspondencia que mantuvo don Arturo, a lo largo de su vida con destacados cervantistas y escritores. A lo que se le suman varias estatuas, cuadros, bustos, medallas, jarrones, bandejas, tinteros y diversos objetos con la temática cervantina.<lb/><lb/>Don Arturo salió a montar la Primera Exposición Cervantina<lb/><lb/>En el año 1947 se celebró en todo el orbe el IV Centenario del nacimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra. Que mejor ocasión para que Don Arturo, con la generosidad que le era característica, organizara una exposición cervantina, abriendo a todos los interesados su valiosa colección. El solar escogido para la muestra fue la magnífica mansión que se ubicaba en las avenidas Bulevar Artigas y Rivera, obra del prestigioso arquitecto argentino Alejandro Christophersen, y que en un arrebato de barbarie fuera demolida en la década de 1990. Esta casa que fuera construida para residencia de la familia de don Ignacio de Urtubey y que más tarde fuera residencia presidencial durante el mandato de Baldomir y sede luego de la Legación de España, para ocuparla finalmente la Asociación de Estudiantes y Profesionales Católicas.<lb/>Cuatro salas estuvieron dedicadas a la exposición del material cervantino. En la primera, lucían las ediciones españolas y los volúmenes adaptados para niños. A continuación se entraba en la sala donde se hallaban las ediciones impresas fuera de España. La tercera sala estaba destinada a todos los objetos relacionados con Cervantes y su obra, arte artesanía, curiosidades. Finalmente, en la última pieza se exhibían las biografías sobre Cervantes, láminas y muebles historiados con la gesta quijotesca. Innumerable público de todas las edades visitó la exposición, destacándose de manera especial los miles de estudiantes que recorrieron la muestra en honor al Príncipe de los Ingenios Españoles.<lb/>El entonces Arzobispo de Montevideo, elevado luego a la púrpura cardenalicia, Mons. Antonio Ma. Barbieri, declaró inaugurada la muestra con elogiosas palabras hacia la exposición y a su mentor. En un pasaje de su alocución re refirió con estos conceptos a la obra del gran escritor: “ en la obra de Cervantes resplandecen, en un grado de suprema excelencia, el entendimiento, que raya en genio sublime y su vida, de tanta altura espiritual en sus constantes pruebas que sufrió con fortaleza cristiana. La lengua que nace y se desarrolla con la nacionalidad, si tiene en el Cid, las Partidas, los Místicos, sus escalones y ascensos, en Cervantes resume el caudal de los siglos anteriores, fija y ensancha su armonía en los grandes períodos del Quijote y asimismo precisa los perfiles de la lengua popular. Hablamos la lengua española, que es la lengua por antonomasia de Cervantes. En cuanto a lo espiritual, la vida de Cervantes en la Fe Católica le mueve a expresarla con grandeza en sus libros. Esto mismo es lo que, elaborado por su genialidad, eleva toda su obra literaria. Su magnánimo carácter informa la grandeza del Quijote”.<lb/>No podía quedar completa la muestra sin un gran acto cultural, que desbordó las instalaciones de la mansión. Así el 29 de octubre Lauro Ayestarán ofreció una conferencia con ilustraciones musicales, de los cuales deja constancia la siguiente crónica: “Sus conocimientos de seria erudición, de crítica maestra y de brillantez expositiva del Prof. Lauro Ayestarán, en la conferencia que concitó público ansioso de oírle en el espaciado salón. Previo un exordio descriptivo de la época cervantista en relación a la música, limita el vasto panorama musical quijotesco a las óperas capitales dejando de cada autor y obra la justa valoración expresada con toda amenidad. Resalta, pues, los nombre de Purcell (1695), el célebre músico inglés, primero en componer una ópera sobre D. Quijote. Y cabe anotar que Inglaterra se destaca por ser el país extranjero que primero publicó dicha obra, asimismo el primero en una hermosa edición española con suntuosidad y primero con una biografía de Cervantes y primero con comentarista. Y sigue juzgando a las óperas alemanas de Ditters, “Preciosa” de Weber, “las bodas de Camacho” de Mendelssohn, Strauss; del italiano Paisiello; de los franceses Massennet, Ravel, Ibert; de los españoles Esplá con “Don Quijote velando las armas” y Falla con su celebrado “Retablo del Maese Pedro”. Y también otros compositores de importancia. El bajo D. Eduardo García de Zúñiga matizó y acentuó la conferencia con varias canciones de Ravel, acompañado al piano con su magistral ejecución por el Prof. Héctor Tosar Errecart, mereciendo ambos los mejores aplausos”.<lb/>Su preocupación por la difusión del libro –el buen libro, acotaría Don Arturo-, lo llevó a fundar varias bibliotecas. La Catedral de Montevideo fue el primer lugar escogido para montar una de ellas, a la que le dio el nombre de “Mariano Soler”, en homenaje al sabio pastor. Durante varios años ejerció su dirección y llegó a contar con más de seis mil volúmenes. La biblioteca del Círculo Católico de Obreros también fue objeto de su dedicación y generosidad. Con un espíritu propio de cruzado, llegó hasta los seres más sufrientes y apartados de la sociedad, los leprosos. En el hospital Fermín Ferreira, donó dos bibliotecas, con libros y muebles, una para las mujeres y otra para los hombres. Cumplía a cabalidad con uno de sus lemas: “Los buenos libros son escalones del cielo. Quien los da sube y hace subir por ellos”.<lb/><lb/>De los trabajos que salieron de la pluma de Don Arturo<lb/><lb/>Quien con generosidad tanto lee y estudia, alguna vez siente la necesidad de tomar la pluma para expresar y comunicar a sus semejantes los ideales que inquietan a su espíritu. Don Arturo no fue ajeno a este sentimiento y dejo una extensa obra escrita.<lb/>Con el seudónimo de Juana de la Ferlandière publicó, en 1916, “Cartas Femeninas”; conjunto de cartas con un claro sentido moralizador. Un original folleto publica en 1923 sobre “La religión del héroe”. En 1938, con motivo de celebrarse el III Congreso Eucarístico Nacional, dio a luz “Floresta Eucarística”; que tuvo el privilegio de ser el primer libro de poesías eucarísticas en español. Un año más tarde, reimprime con comentarios propios la pastoral de Mons. Jacinto Vera titulada “La inmoralidad e irreligión a causa de los malos libros”. En el año 1939 publica dos obras: “Esquema vital de Jerónimo Zolesi”, reconocimiento al esforzado compatriota y “Una lumbrera del episcopado español: Monseñor Leopoldo Eijo Garay”, opúsculo donde resaltaba los valores intelectuales y morales que adornaban al Obispo de Madrid. Tres trabajos más da a conocer en 1946: “La Bibliografía es archivo, erario y blasón de la cultura”, en homenaje al Papa Pío XI, quien antes de su elevación al trono pontificio, se había desempeñado como bibliotecario de la Santa Sede. “Catolicismo y Protestantismo”, la célebre obra de Mons. Mariano Soler, a la cual Xalambrí agrega un largo y sesudo prólogo. “Boceto del Presbítero José Ma. Fontes Arrillaga”, estudio sobre este sacerdote poeta, que completa con la recopilación de sus poesías en “El libro que su autor no vio”.<lb/>La figura del célebre jesuita historiador y formador de juventudes que fue Juan F. Salaverry, a quien Xalambrí conoció y admiró, quedó plasmada en su trabajo “La figura del Padre Juan F. Salaverry sobre el pedestal de sus libros”, del año 1947. Luego de un fermental viaje a España, Don Arturo publica en 1954 “España y Uruguay bajo el manto de María”. Lector incansable de Juan Zorrilla de San Martín, compone en  1956 su “Bibliografía fragmentaria y sintética del doctor Juan Zorrilla de San Martín”, obra de consulta para todo estudioso del poeta de la Patria. Decenas de artículos sobre diversos temas vieron la luz en publicaciones periódicas como: “El Bien Público”, “el Amigo”, El Diario Español”.<lb/><lb/>En los últimos pasos de la vida<lb/><lb/>A comienzos de la década de 1960, un periodista español visitó la casa de Don Arturo. A su vuelta a Barcelona publicó un artículo en el cual nos dejó sus impresiones: “Su mansión, una sencilla y holgada vivienda de Montevideo, apartada del ruido de las grandes arterias ciudadanas. Sobre la puerta, su escudo –Don Quijote y Sancho cabalgando- y el mote ‘Vive el ideal’. A la derecha e izquierda del zaguán una Inmaculada y un mosaico quijotesco.  Llamamos: salió la sobrina, luego e propio don Arturo, campechano y vivaz; su aspecto desmiente los 70 que lleva a la taleguilla. Desde el primer momento cautiva su simpatía. Subimos a su biblioteca-santuario: cuadros, porcelanas, diplomas, todo ambienta en torno a la obra cervantista. A veces la foto de alguna otra devoción: Zorrilla de San Martín, Menéndez y Pelayo, Balmes … Un magnífico pergamino con las mejores firmas católicas uruguayas es fehaciente testimonio del apostolado del Buen Libro, que siempre fue la palestra católica del señor Xalambrí. Porque, eso sí, don Arturo es católico a machacamartillo ‘cogitatione, verbo et opere’. Entramos en la biblioteca museo: es para quedar uno extasiado. Cuanto acerca de Cervantes se ha escrito en libros, revistas, periódicos… todo tiene cabida en aquel holgado, pero incapaz recinto. Si todo libro tiene su historia, la historia de los libros del señor Xalambrí es por demás aventurera. Y sólo así se explica la rareza y variedad de los ejemplares que en ella se guardan: desde el Quijote en japonés del cual se hicieron sólo 70 ejemplares, pasando por otras ediciones en chino, árabe, griego, vasco, sueco, quechua, guaraní, hebreo, inglés, francés, muchas en italiano y muchísimas en castellano, forman el conjunto admirable de unas 400 ediciones diversas. Nos muestra la primer edición americana, realizada en Montevideo en 1880, verdadero timbre de gloria para la prensa uruguaya; otra en latín macarrónico, aquella que comienza por ‘In unus locus manchegus cuius nomen non volo calentare cascos…”’.<lb/>Años más tarde trasladaría su residencia al balneario San José de Carrasco. A la luz del sol se le veía caminar siempre con un libro en la mano, que aprovechaba a leer en cada descanso; y así como el Caballero de la Triste Figura: “en los últimos pasos de la vida” le alcanzó “el de la muerte, en vejez suave y madura”, era el 3 de setiembre de 1975.</p>
              </note>
            </bioghist>
            <odd type="publicationStatus">
              <p>Publicado</p>
            </odd>
            <scopecontent encodinganalog="3.3.1">
              <p>Agradecimiento de Juana de Ibarbourou a Arturo Xalambrí por el envío del libro "Bibliografía fragmentaria y sintética" de Juan Zorrilla de San Martín publicado en 1955.</p>
            </scopecontent>
            <controlaccess>
              <persname role="Creador" id="atom_3082_actor">Xalambrí, Arturo E. </persname>
              <name role="subject">Ibarbourou, Juana de</name>
              <subject>Juan Zorrilla de San Martín</subject>
              <subject>Libros</subject>
              <geogname>Montevideo (Uruguay)</geogname>
            </controlaccess>
            <processinfo>
              <p>
                <date>Creación: 2022-09-23</date>
              </p>
            </processinfo>
            <processinfo>
              <p>Lic. Natalia Olascoaga</p>
            </processinfo>
            <accessrestrict encodinganalog="3.4.1">
              <p>Libre acceso en línea.<lb/>Restringido a investigadores en soporte papel.</p>
            </accessrestrict>
            <userestrict encodinganalog="3.4.2">
              <p>Por solicitud de copias ponerse en contacto con cedei@um.edu.uy<lb/>Las imágenes se encuentran bajo las leyes vigentes en Uruguay de Derecho de Autor y Propiedad Intelectual. El acceso a este material no supondrá, en forma alguna, licencia para su reproducción y/o distribución que, en todo caso, estará prohibida salvo previo y expreso consentimiento del CEDEI.</p>
            </userestrict>
            <otherfindaid encodinganalog="3.4.5">
              <p>Invetario.</p>
            </otherfindaid>
          </c>
        </c>
      </c>
    </dsc>
  </archdesc>
</ead>
